Es la única del temario en la que un error se paga en minutos. Todo lo demás puede esperar al hospital; una vía aérea perdida no. Las preguntas piden reconocer el problema, elegir la maniobra o el dispositivo adecuado al hallazgo y anticipar la complicación que cada elección introduce.
La vía aérea se evalúa por lo que se oye y por lo que se ve. El ronquido sugiere obstrucción por la lengua en un paciente con nivel de consciencia deprimido; el gorgoteo indica líquido y exige aspiración; el estridor señala obstrucción de la vía aérea superior; las sibilancias son un problema de la vía aérea inferior. El silencio absoluto en un paciente que hace esfuerzos respiratorios visibles es el hallazgo más alarmante de todos.
Conviene separar tres estados que no se tratan igual. La dificultad respiratoria es el paciente que trabaja para respirar y lo consigue; la insuficiencia respiratoria es el paciente que trabaja y ya no lo consigue, con nivel de consciencia deteriorado y esfuerzo que decae; el paro respiratorio es la ausencia de ventilación eficaz. El paso de la segunda al tercero suele ser silencioso, y el signo que lo anuncia no es un valor numérico sino un paciente que se calma sin motivo.
La apertura manual se hace con inclinación de la cabeza y elevación del mentón, o con tracción mandibular cuando se sospecha lesión cervical. La cánula orofaríngea se mide desde la comisura de los labios hasta el ángulo de la mandíbula y sólo se coloca en pacientes sin reflejo nauseoso; la cánula nasofaríngea tolera pacientes con reflejo conservado, pero su uso se evita ante sospecha de fractura de base de cráneo. Ambas mantienen abierto un espacio: ninguna protege por sí sola frente a la aspiración.
La ventilación con bolsa-válvula-mascarilla depende de dos cosas que se aprenden con la mano: el sellado de la mascarilla y el volumen justo para ver elevarse el tórax. Dos rescatistas ventilan mejor que uno. Los dos errores frecuentes son ventilar demasiado rápido y ventilar con demasiado volumen; ambos aumentan la presión en la vía aérea, insuflan el estómago y favorecen la regurgitación, además de reducir el retorno venoso.
Los dispositivos de oxígeno se eligen por el objetivo, no por costumbre: la cánula nasal para necesidades bajas en un paciente que ventila bien, la mascarilla con reservorio para necesidades altas en un paciente que ventila por sí mismo, y la ventilación asistida cuando el paciente no mueve aire suficiente, situación en la que ningún dispositivo pasivo sirve. Oxigenar no es ventilar: dar oxígeno a alto flujo a un paciente que no ventila no corrige la retención de dióxido de carbono.
La pulsioximetría mide la saturación de la hemoglobina y tiene limitaciones conocidas: intoxicación por monóxido de carbono, mala perfusión periférica, hipotermia, anemia grave, movimiento y esmalte de uñas. La capnografía mide dióxido de carbono espirado y aporta información que la oximetría no da: confirma la posición de un dispositivo avanzado, refleja la ventilación en tiempo real y cambia cuando cambia la perfusión.
En el nivel avanzado se emplean dispositivos supraglóticos y la intubación endotraqueal. El principio que gobierna todos ellos es el mismo: la colocación se confirma por varios métodos y se reconfirma tras cada movilización del paciente, porque el desplazamiento del dispositivo es la complicación más letal y la más silenciosa. La técnica concreta, la selección de dispositivos y cualquier fármaco asociado corresponden al protocolo del sistema y a la formación presencial, no a un material de repaso. En reanimación cardiopulmonar, el material se limita a los principios: compresiones de calidad, interrupciones mínimas, desfibrilación temprana cuando el ritmo lo permite y seguridad del equipo al descargar. Las secuencias, frecuencias y energías se toman del protocolo vigente del sistema al que pertenece el proveedor.
1. El ronquido audible en un paciente con nivel de consciencia deprimido indica:
El ronquido corresponde a una obstrucción parcial producida por la caída de la lengua hacia la pared faríngea, y se resuelve con una maniobra de apertura manual o con un dispositivo. Las guías de vía aérea reservan el gorgoteo para el líquido y las sibilancias para la vía aérea inferior.
2. El gorgoteo audible durante la respiración de un paciente indica:
El gorgoteo indica líquido en la vía aérea, ya sea sangre, vómito o secreciones, y exige aspiración antes de continuar con cualquier otra intervención. Las guías de vía aérea advierten de que administrar oxígeno sobre una vía aérea llena de líquido no resuelve el problema.
3. El estridor se diferencia de las sibilancias porque el estridor:
El estridor procede de la vía aérea superior y suele ser inspiratorio, mientras que las sibilancias proceden de la vía aérea inferior y predominan en la espiración. Las guías de vía aérea utilizan esa localización para orientar la causa y la intervención apropiada.
4. El silencio auscultatorio en un paciente que realiza esfuerzos respiratorios visibles indica:
Un paciente que trabaja para respirar y no genera ningún ruido audible mueve un volumen de aire prácticamente nulo, hallazgo de máxima gravedad. Las guías de vía aérea advierten de que ese silencio se interpreta con frecuencia como mejoría, error que retrasa la intervención.
5. La insuficiencia respiratoria se distingue de la dificultad respiratoria porque en la insuficiencia:
En la dificultad respiratoria el paciente trabaja y lo consigue; en la insuficiencia trabaja y ya no lo consigue, con deterioro del estado mental y esfuerzo que decae. Las guías de vía aérea sitúan ese punto de inflexión como el momento en que puede requerirse ventilación asistida.
6. El signo que anuncia el paso de la insuficiencia respiratoria al paro respiratorio es:
La transición hacia el paro respiratorio se anuncia por la disminución del esfuerzo y el deterioro del estado mental, no por un cambio en un valor numérico. Las guías de vía aérea insisten en que un paciente que se calma sin motivo se está agotando, no mejorando.
7. La maniobra de tracción mandibular está indicada cuando:
La tracción mandibular abre la vía aérea desplazando la mandíbula sin extender el cuello, lo que la hace apropiada ante sospecha de lesión cervical. Las guías de vía aérea reservan la inclinación de la cabeza con elevación del mentón para los pacientes sin ese mecanismo.
8. La aspiración de la vía aérea debe realizarse:
La aspiración se realiza bajo visión directa y durante periodos breves, porque además de retirar secreciones retira oxígeno y puede estimular reflejos indeseables. Las guías de vía aérea piden preoxigenar cuando el estado del paciente lo permite y reevaluar tras cada aspiración.
9. La cánula orofaríngea está contraindicada en un paciente que:
La cánula orofaríngea sólo se coloca en pacientes sin reflejo nauseoso, porque en quien lo conserva provoca náusea, vómito y riesgo de aspiración. Las guías de vía aérea básica la consideran un complemento de la ventilación, no una alternativa a la maniobra manual de apertura.
10. La medición de una cánula orofaríngea antes de colocarla se realiza:
La cánula orofaríngea se mide desde la comisura de los labios hasta el ángulo de la mandíbula o el lóbulo de la oreja. Las guías de vía aérea advierten de que una cánula demasiado larga o demasiado corta puede empeorar la obstrucción en lugar de resolverla.
11. La cánula nasofaríngea se evita ante la sospecha de:
La cánula nasofaríngea se evita ante sospecha de fractura de la base del cráneo o traumatismo facial importante, por el riesgo de una vía de inserción inadecuada. Las guías de vía aérea destacan que, a diferencia de la orofaríngea, se tolera en pacientes con reflejo nauseoso conservado.
12. El indicador más fiable de una ventilación eficaz con bolsa y mascarilla es:
La elevación visible del tórax indica que el aire está llegando al pulmón, y su ausencia obliga a revisar el sellado, la posición de la cabeza y la permeabilidad de la vía aérea. Las guías de ventilación la sitúan como la comprobación básica de eficacia en el ámbito prehospitalario.
13. La técnica de ventilación con bolsa y mascarilla realizada por dos proveedores resulta preferible porque:
Con dos proveedores, uno se dedica al sellado de la mascarilla con ambas manos y a la apertura de la vía aérea mientras el otro insufla, lo que mejora la eficacia. Las guías de ventilación consideran el sellado deficiente la causa más frecuente de fracaso de esta técnica.
14. La insuflación excesivamente rápida o con demasiado volumen produce:
Ventilar demasiado rápido o con demasiado volumen eleva la presión en la vía aérea, insufla el estómago, favorece la regurgitación y reduce el retorno venoso. Las guías de ventilación lo señalan como uno de los errores más frecuentes y más perjudiciales durante la reanimación.
15. Si el tórax no se eleva durante la ventilación con bolsa y mascarilla, la primera comprobación es:
La ausencia de elevación torácica obliga a revisar primero el sellado y la posición de la cabeza, que son las causas más frecuentes de fracaso, y después la permeabilidad de la vía aérea. Las guías de ventilación describen esa secuencia de comprobaciones antes de cambiar de estrategia.
16. La mascarilla con reservorio no recirculante está indicada en un paciente que:
La mascarilla con reservorio aporta una concentración elevada de oxígeno a un paciente que ventila por sí mismo con un volumen suficiente. Las guías de oxigenación advierten de que en un paciente que no mueve aire de forma adecuada ningún dispositivo pasivo resuelve el problema.
17. La diferencia entre oxigenar y ventilar consiste en que:
Oxigenar es aportar oxígeno y ventilar es movilizar aire, proceso que además elimina dióxido de carbono. Las guías de oxigenación insisten en la distinción porque un paciente que no ventila no mejora su retención de dióxido de carbono aunque reciba oxígeno a alto flujo.
18. La cánula nasal resulta apropiada para un paciente que:
La cánula nasal aporta oxígeno complementario a un paciente que ventila con normalidad y suele tolerarse mejor que la mascarilla. Las guías de oxigenación la reservan para necesidades moderadas y advierten de que no sustituye a la ventilación asistida cuando esta es necesaria.
19. La pulsioximetría mide:
La pulsioximetría estima el porcentaje de hemoglobina saturada y no informa sobre la ventilación ni sobre la eliminación de dióxido de carbono. Las guías de oxigenación piden interpretarla junto al trabajo respiratorio y al estado mental, no de forma aislada.
20. Las situaciones que restan fiabilidad a la lectura de un pulsioxímetro incluyen:
La mala perfusión periférica, la hipotermia, la anemia grave, el movimiento, el esmalte de uñas y la intoxicación por monóxido de carbono restan fiabilidad a la lectura. Las guías de oxigenación advierten de que en esta última puede mostrarse un valor falsamente tranquilizador.
21. La capnografía aporta información que la pulsioximetría no ofrece porque:
La capnografía mide el dióxido de carbono espirado, refleja la ventilación en tiempo real, confirma la posición de un dispositivo avanzado y cambia cuando cambia la perfusión. Las guías de manejo de la vía aérea la consideran el método más fiable de confirmación continua.
22. El principio que gobierna el uso de cualquier dispositivo avanzado de vía aérea es:
La colocación de un dispositivo avanzado se confirma por varios métodos y se reconfirma tras cada movilización del paciente, porque el desplazamiento es la complicación más letal y más silenciosa. Las guías de manejo de la vía aérea sitúan ese principio por encima de la técnica concreta.
23. La colocación de un dispositivo avanzado de vía aérea corresponde:
El uso de dispositivos avanzados de vía aérea depende del nivel de certificación del proveedor y del protocolo del sistema, y actuar por encima del alcance de la práctica constituye una infracción aunque el resultado sea favorable. Este material no describe técnicas ni parámetros de esos procedimientos.
24. La complicación más grave del desplazamiento de un dispositivo avanzado de vía aérea es:
Un dispositivo desplazado puede ventilar el esófago o un solo pulmón sin que ello resulte evidente de inmediato, lo que hace de esa complicación la más grave y la más silenciosa. Las guías de manejo de la vía aérea exigen reconfirmar la posición tras cada movilización del paciente.
25. Los principios de una reanimación cardiopulmonar de calidad incluyen:
La calidad de la reanimación depende de compresiones eficaces, interrupciones mínimas, reexpansión completa del tórax y desfibrilación temprana cuando el ritmo lo permite. Las cifras concretas de frecuencia, profundidad y energía proceden del protocolo vigente del sistema y del consenso aplicable.
26. Antes de administrar una descarga, la comprobación de seguridad consiste en:
La comprobación visual y verbal de que nadie toca al paciente es una medida de seguridad que no admite excepciones antes de una descarga. Las guías de desfibrilación añaden apartar las fuentes de oxígeno a alto flujo y comprobar que la superficie del paciente está seca.
27. La reevaluación de la vía aérea tras cada movilización del paciente responde a:
Cada movilización puede desplazar un dispositivo o modificar la posición de la cabeza y con ella la permeabilidad de la vía aérea, de modo que se reevalúa después de cada cambio. Las guías de manejo de la vía aérea consideran ese desplazamiento la complicación más silenciosa del traslado.
28. Ante un paciente adulto consciente con obstrucción completa de la vía aérea, la actuación se rige por:
Las maniobras de desobstrucción se aplican conforme al protocolo del sistema y a la formación presencial recibida, y varían según la edad y el estado del paciente. Las guías de vía aérea desaconsejan el barrido digital a ciegas por el riesgo de impactar el cuerpo extraño.
29. El gesto universal de atragantamiento consiste en:
Llevarse las manos al cuello sin poder hablar ni toser es el signo universal de obstrucción completa de la vía aérea. Las guías de vía aérea piden preguntar de forma directa si el paciente se está atragantando, porque una respuesta afirmativa sin voz confirma la obstrucción.
30. La posición de olfateo empleada para alinear los ejes de la vía aérea en un adulto:
La posición de olfateo alinea los ejes oral, faríngeo y laríngeo y facilita la ventilación y la visualización en el adulto. Las guías de vía aérea advierten de que no se aplica ante sospecha de lesión cervical, situación en la que se mantiene la posición neutra.
31. En el lactante, el acolchado se coloca:
El occipucio prominente del lactante flexiona el cuello sobre una superficie plana, lo que se compensa acolchando bajo los hombros. Las guías de vía aérea pediátrica reservan el acolchado bajo la cabeza para el adulto, en quien la superficie plana produce el efecto contrario.
32. La hiperextensión del cuello en un lactante durante la apertura de la vía aérea:
La vía aérea del lactante es muy flexible y la hiperextensión puede colapsarla, de modo que se busca una posición neutra o ligeramente extendida. Las guías de vía aérea pediátrica describen ese matiz como una de las diferencias prácticas más relevantes respecto del adulto.
33. El manejo de los cilindros de oxígeno exige:
Los cilindros de oxígeno se sujetan de forma segura, se mantienen alejados de fuentes de calor y no se manipulan con productos grasos, que pueden inflamarse en presencia de oxígeno a presión. Las normas de seguridad del material lo señalan entre los riesgos más frecuentes de la unidad.
34. La administración de oxígeno en presencia de una fuente de ignición:
El oxígeno favorece la combustión, de modo que su administración en presencia de una fuente de ignición aumenta el riesgo de incendio. Las normas de seguridad piden retirar la fuente y advertir a los presentes antes de iniciar la oxigenoterapia.
35. La ventilación asistida está indicada cuando el paciente:
La ventilación asistida se indica cuando el volumen movilizado resulta insuficiente, situación que ningún dispositivo pasivo de oxígeno resuelve. Las guías de manejo de la vía aérea piden valorar frecuencia y profundidad de forma conjunta antes de tomar esa decisión.