Es la parte del trabajo que no aparece en los manuales clínicos y que sin embargo determina si el proveedor termina el turno entero. Cubre la seguridad personal, la conducción, la escena peligrosa, la extricación, el movimiento del paciente, la comunicación y el mando de incidentes. Las preguntas piden decidir qué se hace antes de acercarse y quién manda en cada situación.
Una respuesta se organiza en fases: preparación del equipo y del vehículo antes del turno, despacho, respuesta al lugar, llegada y actuación en la escena, transporte, transferencia del paciente en el centro receptor y, por último, la fase de recuperación en la que se limpia, se repone y se documenta. Los fallos más caros ocurren en los extremos: material que faltaba porque no se revisó, y transferencias incompletas porque se contó de memoria.
Las precauciones estándar parten de tratar toda sangre y todo fluido corporal como potencialmente infeccioso, con el equipo de protección adecuado al riesgo previsible. Una exposición se lava, se notifica y se documenta el mismo día; ocultarla no protege a nadie. El desgaste del oficio es acumulativo: el estrés agudo tras una llamada crítica, el estrés acumulado y sus efectos en el sueño y las relaciones son riesgos laborales reconocidos, y buscar apoyo forma parte de la competencia profesional. La mecánica corporal —carga cerca del cuerpo, espalda recta, giro con los pies, aviso antes de levantar y trabajo coordinado— evita la lesión de espalda que retira a más proveedores del servicio que cualquier agresión.
El uso de luces y sirena no otorga derecho de paso: otorga la solicitud de que se ceda el paso, y el conductor conserva el deber de conducir con debido cuidado hacia los demás. Las intersecciones son el punto de mayor riesgo; se cruzan con la expectativa de que el otro conductor no ha visto ni oído el vehículo. El posicionamiento en la vía protege la zona de trabajo, y la salida del vehículo hacia el tráfico es uno de los momentos más peligrosos de la llamada.
Ante violencia, armas o conducta agresiva, el proveedor se retira y espera a la autoridad competente. En un incidente con materiales peligrosos, el reconocimiento se hace a distancia, con binoculares si hace falta, usando placas, rótulos, documentos de embarque y la guía de respuesta a emergencias. La escena se divide en zona caliente, zona tibia y zona fría; el personal sin la formación y el equipo específicos permanece en la zona fría y, mientras el paciente no esté descontaminado, no se le trata. Situaciones análogas —espacios confinados, riesgo eléctrico, incendio, agua, altura— tienen la misma lógica: acceso reservado al equipo especializado.
La extricación se llama simple cuando no se requieren herramientas de rescate y compleja cuando sí. Su orden es constante: control de riesgos, estabilización del vehículo, acceso al paciente, evaluación y estabilización médica, desatrapamiento y retirada. Sólo un motivo justifica saltarse ese orden: un peligro inmediato o la necesidad de acceder a un paciente más grave, que da lugar a un movimiento de emergencia asumiendo el riesgo de agravar lesiones. La elección del dispositivo de movilización —camilla principal, camilla de cuchara, camilla flexible, chaleco de extricación, tabla larga— se decide por el estado del paciente, el espacio disponible y el protocolo del sistema.
La comunicación por radio usa lenguaje claro, breve y sin datos identificativos innecesarios. El informe al centro receptor sigue un orden previsible: identificación de la unidad, edad y sexo, motivo principal, hallazgos relevantes, signos vitales, cuidados aplicados y tiempo estimado de llegada. La transferencia verbal en el hospital no sustituye al informe escrito, y el paciente no se considera transferido hasta que se entrega a alguien de nivel igual o superior. En incidentes grandes, el sistema de comando de incidentes ordena la respuesta con funciones definidas —comando, operaciones, planificación, logística y administración— y con sectores de triaje, tratamiento y transporte. En Puerto Rico, la temporada de huracanes y el aislamiento de comunidades por inundación hacen de la planificación de desastres una competencia operativa y no un tema teórico.
1. La fase de preparación de una respuesta comprende:
La fase de preparación comprende la comprobación del vehículo, del material y del equipo antes del turno, además de la disponibilidad del personal. Las normas operativas la sitúan como la primera de las fases y advierten de que los fallos que se originan en ella se pagan en la escena.
2. La fase de recuperación posterior a una asistencia incluye:
La fase de recuperación incluye la limpieza y desinfección del vehículo, la reposición del material, la documentación y, cuando procede, el apoyo al equipo tras una llamada crítica. Las normas operativas la consideran imprescindible para que la unidad vuelva a estar disponible.
3. La regla básica de seguridad en cualquier escena establece que:
El orden de prioridad de la seguridad es proveedor, paciente y terceros, porque un proveedor lesionado deja de ser parte de la solución y añade una víctima. Las guías de seguridad en la escena no reconocen excepciones a ese orden.
4. Las precauciones estándar se aplican:
Las precauciones estándar se aplican a todo paciente porque el estado serológico rara vez se conoce en el ámbito prehospitalario y la selección basada en la apariencia resulta poco fiable. Las normas de control de infecciones ajustan el equipo al riesgo previsible de exposición.
5. Tras un pinchazo accidental con material contaminado, la primera acción es:
Una exposición accidental se lava de inmediato, se notifica y se documenta el mismo día, porque las medidas posteriores tienen un margen temporal limitado. Las normas de control de infecciones establecen ese circuito, que protege al proveedor y permite adoptar las medidas oportunas.
6. El estrés acumulado en el personal de emergencias se considera:
El estrés agudo tras una llamada crítica y el estrés acumulado a lo largo de la carrera son riesgos laborales reconocidos, con efectos sobre el sueño, la salud y las relaciones. Las normas de bienestar profesional consideran que buscar apoyo forma parte de la competencia, no de la debilidad.
7. Los principios de la mecánica corporal al levantar un peso incluyen:
La carga se mantiene cerca del cuerpo, la espalda recta y el esfuerzo recae sobre las piernas, girando con los pies y no con el tronco. Las normas de movilización advierten de que la lesión de espalda retira del servicio a más proveedores que cualquier agresión.
8. Antes de un levantamiento en equipo, el proveedor debe:
El levantamiento en equipo se anuncia y se coordina con una señal acordada, porque un esfuerzo desincronizado sobrecarga a un miembro y puede provocar la caída del paciente. Las normas de movilización lo consideran parte de la técnica básica del equipo.
9. El uso de luces y sirena durante un traslado:
Las señales de emergencia solicitan el paso pero no eximen del deber de conducir con debido cuidado hacia los demás usuarios de la vía. Las normas de conducción de emergencia advierten de que el conductor conserva la responsabilidad por los daños causados por una conducción imprudente.
10. El punto de mayor riesgo durante una conducción de emergencia es:
Las intersecciones concentran la mayor parte de las colisiones de vehículos de emergencia, por lo que se cruzan con la expectativa de que el otro conductor no ha visto ni oído la unidad. Las normas de conducción de emergencia piden reducir la velocidad y comprobar cada carril.
11. La velocidad excesiva durante un traslado de emergencia:
El aumento de velocidad ahorra un tiempo escaso en trayectos urbanos y multiplica el riesgo de colisión, que afecta al paciente, al equipo y a terceros. Las normas de conducción de emergencia piden reservar el uso de señales para las situaciones en que el tiempo condiciona el resultado.
12. En un incidente en la calzada, el vehículo asistencial debe situarse:
El vehículo se sitúa de modo que actúe como barrera y proteja la zona de trabajo del tráfico circulante, con las señales de emergencia encendidas. Las normas de seguridad vial anteponen esa función a la comodidad de la salida hacia el centro receptor.
13. El uso de ropa de alta visibilidad en un incidente de tráfico responde a:
La ropa de alta visibilidad reduce el riesgo de atropello del personal que trabaja en la calzada, especialmente de noche o con mala visibilidad. Las normas de seguridad vial la incluyen entre el equipo obligatorio en cualquier intervención en la vía pública.
14. La salida del vehículo asistencial hacia el lado del tráfico se considera:
Salir del vehículo hacia el lado del tráfico expone al proveedor a los vehículos que circulan y es uno de los momentos de mayor riesgo de la intervención. Las normas de seguridad vial piden salir por el lado protegido siempre que sea posible y comprobar antes el tráfico.
15. Ante indicios de violencia en una escena, el equipo debe:
Ante indicios de violencia el equipo se retira a un lugar seguro y solicita a la autoridad competente que asegure la escena antes de entrar. Las guías de seguridad del proveedor no admiten excepciones basadas en el número de intervinientes ni en la urgencia aparente del paciente.
16. Al entrar en un domicilio, la identificación de una vía de salida busca:
Identificar la vía de salida al entrar permite retirarse con rapidez si la escena se deteriora, precaución especialmente relevante en llamadas por conducta agitada o violencia. Las guías de seguridad del proveedor la sitúan entre las medidas básicas de la aproximación.
17. El reconocimiento de un incidente con materiales peligrosos se realiza:
La identificación se realiza a distancia mediante placas, rótulos, documentos de embarque y la guía de respuesta a emergencias, empleando binoculares cuando sea necesario. Las guías de materiales peligrosos advierten de que el olor no es un método de identificación fiable ni seguro.
18. Las tres zonas en que se divide un incidente con materiales peligrosos son:
El escenario se divide en zona caliente, donde está el riesgo, zona tibia, donde se realiza la descontaminación, y zona fría, donde se sitúa el mando y la asistencia. Las guías de materiales peligrosos reservan la asistencia sanitaria convencional a la zona fría.
19. El personal sanitario sin formación y equipo específicos permanece:
El personal sin formación y equipo específicos permanece en la zona fría y no atiende a pacientes que no han sido descontaminados, porque el contaminante afectaría al equipo y a la unidad. Las guías de materiales peligrosos establecen que la descontaminación precede al tratamiento y al transporte.
20. La guía de respuesta a emergencias empleada en incidentes con materiales peligrosos permite:
La guía de respuesta a emergencias permite identificar la sustancia a partir de su número y conocer las distancias de aislamiento y las precauciones iniciales. Las guías de materiales peligrosos advierten de que no sustituye a la intervención del equipo especializado.
21. El acceso a un espacio confinado está reservado a:
El acceso a espacios confinados exige formación específica, protección respiratoria y monitorización atmosférica, porque la atmósfera puede ser irrespirable sin ningún signo perceptible. Las guías de seguridad documentan que una proporción elevada de las víctimas son rescatadores improvisados.
22. Ante un cable eléctrico caído sobre un vehículo con ocupantes, la conducta correcta es:
Ante un cable caído se mantiene la distancia, se impide el acercamiento de terceros y se espera a la compañía suministradora, indicando a los ocupantes que permanezcan dentro salvo peligro inmediato. Las guías de seguridad descartan cualquier intento de manipular el cable.
23. El rescate en el interior de un edificio con humo corresponde:
El rescate en interiores con humo corresponde a personal con equipo de protección respiratoria autónomo y formación específica. Las guías de seguridad en la escena rechazan cualquier criterio basado en la extensión aparente del humo, y una mascarilla quirúrgica no ofrece protección respiratoria.
24. La estabilización del vehículo antes de la extricación busca:
La estabilización impide el movimiento del vehículo durante el trabajo en su interior, movimiento que pondría en riesgo al equipo y al paciente. Las guías de extricación la sitúan entre las primeras acciones, junto con el control de riesgos y antes del acceso al paciente.
25. El orden de una extricación compleja establece que el acceso al paciente se produce:
El orden de la extricación compleja es control de riesgos, estabilización, acceso, estabilización médica, desatrapamiento y retirada. Las guías de extricación admiten alterarlo únicamente ante un peligro inmediato o para acceder a un paciente más grave.
26. El movimiento de emergencia de un paciente se justifica cuando:
El movimiento de emergencia asume el riesgo de agravar lesiones y sólo se justifica ante un peligro inmediato o para acceder a un paciente más grave. Las guías de movilización piden documentar el motivo cuando se emplea esa maniobra.
27. La camilla de cuchara resulta especialmente útil porque:
La camilla de cuchara se separa en dos valvas y permite recoger al paciente con un movimiento mínimo, lo que la hace útil ante sospecha de lesión espinal o pélvica. Las guías de movilización desaconsejan mantener al paciente sobre ella de forma prolongada.
28. El chaleco de extricación se emplea de forma característica para:
El chaleco de extricación permite retirar a un paciente sentado en un vehículo limitando el movimiento de la columna cervical y dorsal. Las guías de movilización lo describen como un dispositivo de extricación, no como un sistema de inmovilización prolongada.
29. El número de proveedores necesario para una movilización se determina por:
El número de proveedores se ajusta al peso del paciente, al entorno y a la técnica, y solicitar apoyo es preferible a asumir un riesgo de lesión. Las normas de movilización advierten de que la sobrecarga es la causa más frecuente de baja laboral del personal de emergencias.
30. La comunicación por radio en el ámbito prehospitalario debe ser:
La comunicación por radio se realiza con lenguaje claro, de forma breve y sin transmitir datos identificativos innecesarios, porque la frecuencia es compartida y no es privada. Las normas de comunicación desaconsejan las claves numéricas que no todos los intervinientes conocen.
31. El informe verbal al centro receptor sigue habitualmente un orden que incluye:
El informe al centro receptor sigue un orden previsible que incluye identificación de la unidad, edad y sexo, queja principal, hallazgos relevantes, signos vitales, cuidados aplicados y tiempo estimado de llegada. Las normas de comunicación excluyen las sospechas diagnósticas de ese informe.
32. El control médico fuera de línea se refiere a:
El control médico fuera de línea o indirecto son los protocolos, las órdenes permanentes y la formación autorizadas por el director médico del sistema. El control médico en línea o directo es la consulta en tiempo real durante la asistencia, que corresponde a la segunda opción.
33. La consulta al control médico en línea procede cuando:
La consulta en línea procede cuando el protocolo lo exige o cuando la situación excede lo previsto en él, y su contenido y su resultado se documentan. Las normas de responsabilidad profesional recuerdan que la consulta no traslada la responsabilidad de la ejecución al médico consultado.
34. La transferencia verbal del paciente en el centro receptor:
La transferencia verbal permite transmitir de inmediato lo relevante, pero no sustituye al informe escrito, que debe completarse igualmente. Las normas de documentación advierten de que el paciente no se considera transferido hasta que el cuidado se entrega a un profesional de nivel igual o superior.
35. El sistema de comando de incidentes tiene por finalidad:
El sistema de comando de incidentes ordena la respuesta mediante funciones definidas y una cadena de mando única, lo que permite integrar a varios servicios. Las guías de organización de incidentes lo aplican con independencia del tamaño del suceso.