La evaluación es el procedimiento que más se repite en la práctica y el que más pesa en cualquier examen de emergencias médicas. Las preguntas suelen ser viñetas cortas que piden identificar la primera acción, el hallazgo más preocupante o el orden correcto. Lo que se evalúa es la disciplina del orden: encontrar y tratar lo que mata primero, antes de dedicar tiempo a lo que no mata.
Antes de tocar al paciente hay cuatro decisiones: seguridad de la escena para el proveedor, el paciente y los presentes; precauciones estándar acordes al riesgo previsible; mecanismo de lesión o naturaleza de la enfermedad; y número de pacientes y necesidad de recursos adicionales. La regla de fondo no admite excepción: un proveedor lesionado deja de ser parte de la solución y pasa a ser parte del problema. Si la escena no es segura, no se entra, se solicita el recurso que corresponda y se espera.
Empieza por la impresión general —aspecto, trabajo respiratorio y color de la piel bastan para decidir si el paciente está grave— y sigue por el nivel de consciencia, descrito con la escala AVDI: alerta, responde a estímulo verbal, responde al dolor, inconsciente. Después se revisan en orden vía aérea, respiración y circulación, corrigiendo cada problema en cuanto se encuentra y no al final. La evaluación primaria termina con una decisión explícita: transporte prioritario o evaluación en el lugar.
La historia se recoge con dos herramientas. SAMPLE ordena los antecedentes: signos y síntomas, alergias, medicamentos, padecimientos previos, última ingesta y eventos que precedieron. OPQRST ordena el dolor: origen o inicio, factores que lo provocan o alivian, calidad, irradiación, severidad y tiempo de evolución. La exploración física recorre el cuerpo buscando de forma sistemática deformidades, contusiones, abrasiones, penetraciones, quemaduras, hipersensibilidad, laceraciones e inflamación.
Los signos vitales se toman para compararlos consigo mismos: un valor aislado dice poco, dos series separadas dicen mucho. La reevaluación se repite durante todo el traslado, y el paciente inestable se reevalúa con más frecuencia que el estable. Cada cambio se documenta con su hora.
Cuando el número de pacientes supera los recursos disponibles, la lógica del cuidado cambia: se deja de hacer todo por uno para hacer el mayor bien al mayor número. El triaje clasifica en cuatro categorías —inmediato, demorado, menor y fallecido o expectante— y esa clasificación no es definitiva: se retriajea cada vez que cambia el estado del paciente o la disponibilidad de recursos.
Los sistemas de triaje rápido, como los que se aplican en adultos y sus variantes pediátricas, ordenan la decisión con criterios simples de respiración, circulación y estado mental. Sus umbrales exactos varían según el sistema y la jurisdicción, de modo que el proveedor aplica el algoritmo adoptado por su sistema, no el que recuerda de un curso anterior. El paciente que camina cuando se le pide suele clasificarse como menor, y el que no respira tras una maniobra simple de apertura de la vía aérea se clasifica como fallecido o expectante. Ambas decisiones son incómodas y ambas son correctas en ese contexto.
1. La primera decisión que corresponde tomar al llegar al lugar de una llamada es:
La seguridad de la escena precede a cualquier otra acción: un proveedor lesionado deja de ser parte de la solución. Las guías de evaluación de la escena sitúan esta decisión antes del recuento de pacientes, de la petición de recursos y del contacto con el paciente, que son acciones posteriores y dependientes de que el acceso sea seguro.
2. Al llegar a un domicilio se oyen gritos y golpes en el interior. La conducta correcta es:
Ante indicios de violencia el proveedor no entra: se retira a un lugar seguro y solicita a la autoridad competente que asegure la escena. Las guías de seguridad del proveedor no reconocen excepciones basadas en el número de intervinientes ni en el sonido percibido desde el exterior, porque el riesgo no disminuye por entrar acompañado.
3. Los cuatro elementos que integran la evaluación de la escena son seguridad, precauciones estándar y además:
La evaluación de la escena comprende seguridad, precauciones estándar, mecanismo de lesión o naturaleza de la enfermedad, y número de pacientes junto con los recursos necesarios. Las guías de evaluación reservan los signos vitales, los antecedentes y los tiempos para fases posteriores del proceso, aunque todos ellos se documenten después.
4. La utilidad de determinar el mecanismo de lesión antes de tocar al paciente reside en que:
El mecanismo de lesión orienta sobre las lesiones probables y dirige la exploración, pero no las confirma ni sustituye a la evaluación. Las guías de cinemática del trauma advierten de que un mecanismo aparentemente leve no descarta una lesión grave, y de que la decisión de destino se toma con el conjunto de criterios del sistema.
5. La impresión general que se forma el proveedor al acercarse al paciente se construye a partir de:
La impresión general se forma en segundos con lo que se ve y se oye desde la distancia: aspecto, trabajo respiratorio y coloración cutánea. Las guías de evaluación primaria la sitúan antes de cualquier medición, porque su función es decidir con rapidez si el paciente está grave, no describirlo con detalle.
6. En la escala de nivel de consciencia empleada en la evaluación primaria, la letra que corresponde a un paciente que abre los ojos al llamarlo es:
Un paciente que no está espontáneamente alerta pero responde cuando se le habla se clasifica en la categoría de respuesta al estímulo verbal. Las guías de evaluación primaria emplean esta escala por su rapidez, y reservan la valoración neurológica más detallada para la evaluación secundaria.
7. Durante la evaluación primaria se encuentra una hemorragia externa masiva en un muslo. La conducta correcta es:
La evaluación primaria se detiene para tratar lo que amenaza la vida en el momento en que se encuentra: una hemorragia exanguinante se controla de inmediato. Las guías de evaluación describen el proceso como evaluar y tratar de forma simultánea, no como una lista que se completa antes de intervenir.
8. En un paciente inconsciente sin sospecha de lesión cervical, la maniobra de apertura de la vía aérea indicada es:
Sin sospecha de lesión cervical, la maniobra de elección es la inclinación de la cabeza con elevación del mentón, por ser la más eficaz para separar la lengua de la pared faríngea. Las guías de vía aérea reservan la tracción mandibular para los casos en los que se sospecha lesión de la columna cervical.
9. El objetivo de valorar la circulación durante la evaluación primaria es:
En la evaluación primaria la circulación se valora buscando hemorragia significativa y evaluando el pulso, el color, la temperatura y la humedad de la piel. Las guías de evaluación reservan la medición de la presión arterial y la monitorización para fases posteriores, y ninguna determinación de laboratorio corresponde al ámbito prehospitalario.
10. La evaluación primaria concluye con:
La evaluación primaria termina con una decisión explícita: transporte prioritario o continuación de la evaluación en el lugar. Las guías de evaluación sitúan los signos vitales en la fase siguiente, y la documentación y la transferencia corresponden al final de la asistencia, no al cierre de la evaluación primaria.
11. En la nemotecnia SAMPLE que ordena la historia del paciente, la letra M corresponde a:
En SAMPLE la M corresponde a los medicamentos, dato que orienta sobre los antecedentes reales del paciente y sobre posibles interacciones o efectos adversos. Las guías de anamnesis prehospitalaria destacan que la lista de medicamentos suele revelar enfermedades que el paciente no menciona al ser preguntado directamente.
12. La letra L de la nemotecnia SAMPLE hace referencia a:
La L de SAMPLE corresponde a la última ingesta, dato relevante ante la posibilidad de vómito y aspiración y ante una eventual intervención en el centro receptor. Las guías de anamnesis sitúan las alergias en la letra A y los eventos previos en la letra E, de modo que las otras opciones corresponden a otros apartados.
13. En la nemotecnia OPQRST aplicada al dolor, la letra Q se refiere a:
La Q de OPQRST corresponde a la cualidad del dolor, que debe recogerse con las palabras del propio paciente y no con las del proveedor. Las guías de valoración del dolor insisten en ese matiz porque una descripción reformulada puede inducir a error al equipo del centro receptor.
14. La letra R de la nemotecnia OPQRST aplicada al dolor hace referencia a:
La R de OPQRST corresponde a la irradiación, es decir, a si el dolor se extiende o se percibe en otro lugar. Las guías de valoración del dolor torácico destacan ese dato porque el patrón de irradiación forma parte de la descripción clásica del síndrome coronario agudo, sin que su ausencia permita descartarlo.
15. La exploración física detallada de la evaluación secundaria busca de forma sistemática:
La exploración secundaria recorre el cuerpo buscando de forma sistemática deformidades, contusiones, abrasiones, penetraciones, quemaduras, hipersensibilidad, laceraciones e inflamación. Las guías de evaluación advierten de que explorar sólo donde duele hace perder lesiones en pacientes con alteración del estado mental o con dolor de mayor intensidad en otro punto.
16. En un paciente con un traumatismo aislado y evidente de tobillo, sin otros hallazgos, la evaluación secundaria:
Ante un mecanismo localizado y un paciente estable, la exploración puede centrarse en la zona afectada y en la valoración distal correspondiente, mientras que un mecanismo significativo o un paciente inestable exigen una exploración completa. Las guías de evaluación describen ese criterio de proporcionalidad, que no autoriza a suprimir la evaluación ni a diferirla al hospital.
17. El fundamento de reevaluar al paciente de forma repetida durante el traslado es:
La reevaluación busca detectar la tendencia del paciente, porque el deterioro rara vez es instantáneo y suele anunciarse en las mediciones sucesivas. Las guías de evaluación piden reevaluar con mayor frecuencia al paciente inestable, y las normas de documentación exigen registrar cada toma con su hora.
18. Los elementos que se repiten en cada reevaluación durante el traslado son:
Cada reevaluación repite la evaluación primaria, los signos vitales y la comprobación del efecto de los cuidados aplicados, además de revisar los hallazgos relevantes. Las guías de evaluación no exigen repetir la anamnesis completa ni la exploración detallada, que se realizan una sola vez salvo que aparezca un dato nuevo.
19. El principio que rige la asistencia en un incidente con múltiples víctimas es:
Cuando el número de pacientes supera los recursos, la lógica pasa de la atención individual al mayor bien para el mayor número. Las guías de triaje describen ese cambio como la característica que define un incidente con múltiples víctimas, y advierten de que dedicar todos los recursos a un solo paciente crítico compromete la atención del conjunto.
20. La categoría de triaje que corresponde a un paciente cuyas lesiones amenazan su vida pero admiten supervivencia con la atención disponible es:
La categoría inmediata agrupa a los pacientes con compromiso vital que pueden sobrevivir si reciben atención con prioridad. Las guías de triaje reservan la categoría demorada para las lesiones que admiten espera, la menor para quienes deambulan y la de fallecido o expectante para quienes no responden a las maniobras simples previstas en el algoritmo.
21. La razón por la que el triaje debe repetirse a lo largo del incidente es:
El triaje no es una etiqueta definitiva: el paciente puede deteriorarse o mejorar y los recursos varían conforme llegan unidades, de modo que la clasificación se revisa. Las guías de incidentes con múltiples víctimas lo describen como un proceso continuo y no como un acto único realizado a la llegada.
22. En un incidente con múltiples víctimas, un paciente que no respira tras una maniobra simple de apertura de la vía aérea se clasifica como:
En triaje de incidente con múltiples víctimas, la ausencia de respiración tras una maniobra simple de apertura de la vía aérea sitúa al paciente en la categoría de fallecido o expectante, porque dedicarle recursos comprometería a quienes sí pueden sobrevivir. Las guías de triaje reconocen que la decisión es difícil y subrayan que sólo se aplica mientras la situación siga desbordando los recursos.
23. La primera acción de un algoritmo de triaje rápido al llegar a un incidente con muchas víctimas suele ser:
Pedir que caminen quienes puedan hacerlo separa en segundos al grupo de menor prioridad y reduce el número de pacientes por evaluar de forma individual. Las guías de triaje describen esa instrucción inicial como el paso que ordena la escena antes de aplicar el resto del algoritmo, que se ejecuta con los pacientes que permanecen en el lugar.
24. El motivo por el que los umbrales numéricos de un algoritmo de triaje deben tomarse del sistema propio y no de la memoria es:
Los umbrales de los algoritmos de triaje difieren entre sistemas y se revisan con el tiempo, de modo que el proveedor aplica el protocolo adoptado por su sistema y no el que recuerda de un curso previo. Las guías de incidentes con múltiples víctimas subrayan que la coherencia dentro de un mismo operativo importa más que la elección de un algoritmo concreto.
25. El principio en el que se basan las precauciones estándar es:
Las precauciones estándar parten de tratar toda sangre y todo fluido corporal como potencialmente infeccioso, con independencia del diagnóstico conocido. Las normas de control de infecciones lo justifican porque el estado serológico del paciente rara vez se conoce en el ámbito prehospitalario y porque la selección basada en la apariencia resulta poco fiable.
26. Un paciente responde con voz normal a la pregunta sobre lo ocurrido. De ese solo hecho puede deducirse que:
Que el paciente hable con voz normal indica que su vía aérea está permeable y que moviliza aire suficiente para fonar, pero no informa sobre su perfusión ni descarta lesiones graves. Las guías de evaluación primaria emplean este hallazgo como comprobación rápida de la vía aérea, sin extraer de él conclusiones que no soporta.
27. Un paciente consciente presenta piel pálida, fría y húmeda, y pulso radial rápido y débil. La interpretación correcta es:
Palidez, frialdad, humedad y pulso rápido y débil son signos objetivos de hipoperfusión y no requieren confirmación por la presión arterial, que puede ser todavía normal en un shock compensado. Las guías de evaluación circulatoria consideran suficiente ese conjunto para actuar, y advierten de que esperar a la hipotensión retrasa el reconocimiento.
28. La técnica correcta de recuento de la frecuencia respiratoria en un paciente consciente consiste en:
Advertir al paciente de que se está contando su respiración modifica el patrón de forma involuntaria, por lo que la técnica correcta consiste en contar sin anunciarlo, con frecuencia mientras se aparenta tomar el pulso. Las guías de signos vitales lo señalan expresamente. El pulsioxímetro no mide la frecuencia respiratoria de forma fiable en todos los dispositivos.
29. Al describir la calidad de un pulso, los adjetivos que se documentan son:
La descripción del pulso incluye frecuencia, fuerza y regularidad, porque un pulso rápido y filiforme informa de algo distinto que un pulso rápido y lleno. Las normas de documentación piden registrar las tres características. La localización se indica además, pero no sustituye a la descripción de la calidad.
30. La razón por la que la piel se explora como signo vital en la evaluación es:
El color, la temperatura y la humedad de la piel reflejan el estado de la perfusión periférica y cambian antes que la presión arterial. Las guías de evaluación circulatoria la consideran una ventana rápida al estado hemodinámico, sin que ello suponga que sustituya al resto de mediciones ni que permita alcanzar un diagnóstico.
31. La exploración pupilar en el ámbito prehospitalario valora:
La exploración pupilar registra tamaño, simetría y reactividad a la luz, y una asimetría de nueva aparición en un paciente con traumatismo craneal es un hallazgo de alarma. Las guías de evaluación neurológica lo documentan siempre con la hora, porque su valor está en el cambio respecto de la exploración anterior.
32. La orientación del paciente se explora habitualmente preguntando por:
La orientación se explora mediante preguntas sobre persona, lugar y tiempo, y se documenta indicando en qué esferas está orientado el paciente. Las guías de evaluación neurológica lo diferencian de la escala rápida de nivel de consciencia y de la valoración del dolor, que responden a objetivos distintos.
33. En un paciente con una emergencia médica, y a diferencia del paciente traumatizado, la evaluación otorga mayor peso a:
En el paciente médico la historia suele aportar más que la exploración, mientras que en el traumatizado ocurre lo contrario. Las guías de evaluación describen esa diferencia de énfasis sin suprimir ninguna de las dos partes, ya que un paciente médico puede haber sufrido además un traumatismo por caída.
34. La técnica de entrevista que más información aporta al inicio de la valoración es:
Las preguntas abiertas al inicio permiten que el paciente describa el cuadro con sus palabras y aportan datos que una pregunta cerrada no obtendría; las cerradas resultan útiles después, para precisar. Las guías de entrevista clínica advierten de que interrumpir el relato o dirigirse sólo al acompañante empobrece la información obtenida.
35. Al atender a un paciente con dificultad auditiva, la conducta más adecuada consiste en:
Colocarse frente al paciente, hablar con claridad, permitir la lectura labial y confirmar la comprensión resulta más eficaz que elevar el volumen de la voz. Las guías de comunicación con pacientes con discapacidad recuerdan además que la información debe solicitarse al propio paciente siempre que sea posible, y que el acompañante complementa pero no sustituye su relato.