El trauma se estudia desde la energía. Antes de ver la herida, el proveedor ya sabe qué buscar si entiende cómo se transfirió la energía al cuerpo. Por eso las preguntas de esta área combinan cinemática, reconocimiento de lesiones y prioridades de manejo, y casi nunca piden una técnica paso a paso: piden decidir qué es lo primero y qué lesión se sospecha con la información disponible.
La energía cinética depende de la masa y, sobre todo, de la velocidad. En una colisión hay tres impactos sucesivos: el del vehículo contra el objeto, el del ocupante contra el interior del vehículo y el de los órganos contra las estructuras que los contienen. El patrón de lesiones depende del vector: los impactos frontales, laterales, traseros, los vuelcos y la eyección producen sospechas distintas. En caídas importan la altura, la superficie de impacto y la parte del cuerpo que golpeó primero. En heridas penetrantes importan la trayectoria y la energía del proyectil, no el tamaño del orificio. En explosiones se describen lesiones primarias por onda expansiva, secundarias por fragmentos, terciarias por desplazamiento del cuerpo y cuaternarias por todo lo demás.
El control de la hemorragia externa sigue una progresión conocida: presión directa firme y sostenida, y cuando ésta no basta en una extremidad, un torniquete aplicado proximal a la herida y documentado con su hora de colocación. La hemorragia interna no se ve: se sospecha por el mecanismo, por el dolor abdominal, por la distensión, por la equimosis y por unos signos de perfusión que empeoran sin sangrado visible. El paciente con trauma que se enfría, se acidifica y pierde capacidad de coagular entra en un círculo del que sólo sale con control quirúrgico del sangrado; por eso el transporte al centro adecuado es, en trauma grave, la intervención más determinante.
En el trauma craneoencefálico se distingue la lesión primaria, producida en el impacto, de la lesión secundaria, producida después por hipoxia, hipotensión o hipoglucemia. Evitar la lesión secundaria es lo que el proveedor prehospitalario realmente puede cambiar. En el trauma raquimedular, la restricción del movimiento espinal se decide por evaluación y criterios del sistema, no por el simple hecho de que haya habido una colisión; el shock neurogénico se distingue del hipovolémico porque cursa con piel caliente y seca y sin taquicardia compensadora.
En el trauma torácico, el neumotórax a tensión se reconoce por dificultad respiratoria creciente, ruidos ausentes de un lado y signos de mala perfusión; el taponamiento cardíaco por la tríada de ruidos cardíacos apagados, ingurgitación yugular e hipotensión; el tórax inestable por el movimiento paradójico de un segmento de la pared. En el trauma abdominal conviene separar órganos sólidos, que sangran, de órganos huecos, que derraman contenido e irritan el peritoneo. Una evisceración se cubre con apósito húmedo y estéril y nunca se reintroduce.
Las quemaduras se describen por profundidad —superficial, de espesor parcial y de espesor total—, por extensión estimada con un método reconocido y por la presencia de lesión por inhalación, que es la que cambia el pronóstico. En quemaduras químicas y eléctricas, la seguridad del proveedor y la retirada de la fuente preceden a cualquier cuidado. En las lesiones de extremidades, la inmovilización busca evitar el movimiento del hueso o la articulación lesionada, y la evaluación circulatoria, motora y sensitiva distal antes y después de inmovilizar es lo que convierte una férula en un acto de cuidado y no en un riesgo añadido.
1. El factor que más influye en la energía cinética transferida durante una colisión es:
La energía cinética crece con el cuadrado de la velocidad y sólo de forma proporcional con la masa, de modo que un pequeño aumento de velocidad multiplica la energía transferida. Las guías de cinemática del trauma emplean ese principio para anticipar la gravedad de las lesiones esperables.
2. Los tres impactos que se producen de forma sucesiva en una colisión son:
En una colisión se suceden tres impactos: el del vehículo contra el objeto, el del ocupante contra el interior del habitáculo y el de los órganos contra las estructuras que los contienen. Las guías de cinemática del trauma explican con ese modelo por qué existen lesiones internas sin lesión externa visible.
3. En una colisión frontal sin sistemas de retención, el patrón de lesiones esperable incluye:
En la colisión frontal sin retención, el ocupante sigue una de dos trayectorias, hacia arriba y por encima o hacia abajo y por debajo del volante, con lesiones de cabeza, cuello, tórax, abdomen y extremidades inferiores. Las guías de cinemática del trauma emplean esa descripción para dirigir la exploración.
4. La eyección del ocupante fuera del vehículo se considera un mecanismo de alta energía porque:
La eyección expone al ocupante a un segundo impacto contra el suelo o contra otros objetos y multiplica el riesgo de lesiones graves. Las guías de cinemática del trauma la incluyen entre los criterios que elevan la sospecha de lesión grave con independencia del aspecto inicial del paciente.
5. En un impacto lateral, las estructuras que con mayor probabilidad resultan afectadas son:
El impacto lateral transfiere energía al tórax, al abdomen, a la pelvis y a la columna del lado afectado, con menor protección estructural que en la colisión frontal. Las guías de cinemática del trauma advierten de que la intrusión en el habitáculo es el dato que mejor predice la gravedad en este mecanismo.
6. En una caída desde altura, los factores que determinan el patrón de lesiones son:
El patrón de lesiones en una caída depende de la altura, de la superficie sobre la que se impacta y del punto anatómico que recibe la energía en primer lugar. Las guías de cinemática del trauma piden documentar esos tres datos porque orientan la exploración y la decisión de destino.
7. En una caída de pie desde altura, además de las lesiones de los miembros inferiores conviene sospechar:
En la caída de pie la energía se transmite en sentido axial desde los pies hacia la columna y la pelvis, de modo que la exploración no puede limitarse a los tobillos y a los calcáneos. Las guías de cinemática del trauma describen ese patrón como uno de los más pasados por alto.
8. En una herida por proyectil, la extensión del daño depende sobre todo de:
El daño de una herida por proyectil depende de la energía transferida y de la trayectoria seguida en el interior, no del tamaño del orificio externo. Las guías de trauma penetrante piden documentar el número de heridas y su localización, sin clasificarlas como entrada o salida en el informe prehospitalario.
9. Al documentar heridas por arma de fuego, la práctica correcta es:
La distinción entre orificio de entrada y de salida corresponde a la valoración forense y no al informe prehospitalario, donde una clasificación errónea puede tener consecuencias en un procedimiento judicial. Las normas de documentación piden describir número, localización y aspecto de forma objetiva.
10. Las lesiones primarias de una explosión se producen por:
Las lesiones primarias por explosión son las causadas por la onda expansiva y afectan sobre todo a órganos con contenido aéreo, como pulmón, oído y tubo digestivo. Las guías de trauma por explosión clasifican como secundarias las producidas por fragmentos, terciarias las de desplazamiento y cuaternarias las restantes.
11. La primera medida para controlar una hemorragia externa en una extremidad es:
La presión directa firme y sostenida sobre el punto de sangrado es la primera medida y resuelve la mayoría de las hemorragias externas. Las guías de control de hemorragia reservan el torniquete para el sangrado de extremidad que no cede con esas medidas o cuando la situación impide mantener la presión.
12. Cuando se coloca un torniquete en una extremidad, resulta imprescindible:
La hora de colocación del torniquete se documenta y se comunica al centro receptor, y el dispositivo permanece visible durante todo el traslado. Las guías de control de hemorragia desaconsejan aflojarlo de forma periódica y colocarlo sobre una articulación, prácticas que comprometen su eficacia.
13. La hemorragia interna debe sospecharse ante:
La hemorragia interna se sospecha por el mecanismo, por el dolor y la distensión abdominal, por la equimosis y por unos signos de perfusión que empeoran sin sangrado externo visible. Las guías de trauma advierten de que su reconocimiento depende de la sospecha, porque no existe un signo confirmatorio prehospitalario.
14. La tríada que agrava el sangrado del paciente traumatizado está formada por:
La hipotermia, la acidosis y la coagulopatía se potencian entre sí y perpetúan el sangrado del paciente traumatizado grave. Las guías de trauma derivan de ahí medidas prehospitalarias concretas, como mantener la temperatura corporal y evitar demoras que prolonguen la hipoperfusión.
15. Cuando un apósito colocado sobre una herida se empapa de sangre, la conducta correcta es:
Retirar un apósito empapado arrastra el coágulo que se está formando y reactiva el sangrado, de modo que se añaden apósitos por encima manteniendo la presión. Las guías de control de hemorragia describen esa práctica como una de las reglas básicas del manejo de heridas sangrantes.
16. Una avulsión se define como una herida en la que:
La avulsión consiste en el desprendimiento de un colgajo de tejido, que puede quedar unido por un pedículo o separarse por completo. Las guías de manejo de heridas reservan el término abrasión para el raspado superficial, penetrante para el objeto que atraviesa y laceración para el corte.
17. Ante una evisceración abdominal, la actuación indicada es:
El contenido eviscerado se cubre con un apósito húmedo y estéril y nunca se reintroduce, porque la reintroducción aumenta el riesgo de contaminación y de lesión. Las guías de manejo de heridas abdominales desaconsejan además la presión directa sobre la zona eviscerada.
18. Ante un objeto empalado en el tórax de un paciente, la conducta correcta es:
Un objeto empalado se estabiliza en la posición en que se encuentra, porque su retirada puede provocar una hemorragia masiva que hasta entonces estaba contenida. Las guías de manejo de heridas penetrantes admiten acortarlo únicamente cuando su longitud impide el traslado y con los medios adecuados.
19. Ante una amputación traumática, el segmento amputado debe:
El segmento amputado se envuelve, se mantiene fresco sin contacto directo con el hielo y se traslada con el paciente. Las guías de manejo de amputaciones advierten de que el contacto directo con hielo daña el tejido y compromete la posibilidad de reimplante.
20. Ante una herida abierta en la pared torácica que succiona aire, la actuación indicada es:
Una herida torácica aspirante se trata con el apósito previsto en el protocolo del sistema, y el equipo vigila la aparición de signos de neumotórax a tensión durante el traslado. Las guías de trauma torácico advierten de que un sellado completo sin válvula puede favorecer esa complicación.
21. La lesión cerebral secundaria se define como:
La lesión primaria se produce en el impacto y no puede modificarse; la secundaria aparece después por hipoxia, hipotensión, hipoglucemia o hipertermia, y es precisamente la que el proveedor prehospitalario puede prevenir. Las guías de trauma craneoencefálico organizan todo su manejo en torno a ese principio.
22. Los hallazgos que sugieren fractura de la base del cráneo incluyen:
La equimosis periorbitaria y la retroauricular, junto con la salida de sangre o de líquido claro por nariz u oídos, sugieren fractura de la base del cráneo. Las guías de trauma craneoencefálico indican no taponar el orificio de salida y documentar el hallazgo con su hora de aparición.
23. El deterioro progresivo del nivel de consciencia tras un traumatismo craneal sugiere:
El deterioro progresivo del nivel de consciencia tras un traumatismo craneal sugiere una lesión intracraneal en expansión y exige transporte prioritario con aviso al centro receptor. Las guías de trauma craneoencefálico piden documentar la evolución con horas concretas, porque la tendencia es el dato clave.
24. El intervalo lúcido descrito en algunos traumatismos craneales consiste en:
El intervalo lúcido es un periodo de aparente normalidad entre el traumatismo y un deterioro posterior, y se describe de forma característica en el hematoma epidural. Las guías de trauma craneoencefálico advierten de que un paciente que parece bien tras un golpe en la cabeza no puede considerarse fuera de riesgo.
25. En el manejo prehospitalario de un traumatismo craneal grave, la prioridad es:
Evitar la hipoxia y la hipotensión es la intervención prehospitalaria que más influye en el pronóstico del traumatismo craneal grave, porque previene la lesión secundaria. Las guías de trauma craneoencefálico sitúan ese objetivo por encima de cualquier otra medida disponible en la escena.
26. La conmoción cerebral se caracteriza por:
La conmoción cerebral es una alteración transitoria de la función encefálica sin lesión estructural evidente, que puede cursar con confusión, cefalea, amnesia y náusea. Las guías de trauma craneoencefálico piden documentar los síntomas y trasladar para valoración, porque su evolución no siempre es benigna.
27. La decisión de restringir el movimiento espinal de un paciente se basa en:
La restricción del movimiento espinal se decide combinando el mecanismo con la evaluación del paciente y con los criterios del protocolo del sistema, y no de forma automática ante cualquier colisión. Las guías de trauma raquimedular subrayan que la inmovilización indiscriminada tiene efectos adversos propios.
28. Los hallazgos que aumentan la sospecha de lesión de la columna incluyen:
El dolor a la palpación de la línea media posterior, el déficit neurológico, la alteración del estado mental y la presencia de una lesión distractora aumentan la sospecha de lesión espinal. Las guías de trauma raquimedular advierten de que la deambulación no descarta una lesión vertebral inestable.
29. Al aplicar restricción del movimiento espinal, el objetivo es:
El objetivo es limitar el movimiento de la columna evitando los efectos adversos de la propia inmovilización, entre ellos el dolor, las lesiones por presión y el compromiso respiratorio. Las guías de trauma raquimedular descartan la tracción correctora en el ámbito prehospitalario.
30. El shock neurogénico se diferencia de otras formas de shock porque cursa con:
La pérdida del tono simpático por debajo de la lesión produce vasodilatación con piel caliente y seca y ausencia de taquicardia compensadora. Las guías de trauma raquimedular advierten de que en un paciente politraumatizado pueden coexistir un shock neurogénico y uno hemorrágico.
31. El neumotórax a tensión se reconoce por:
El neumotórax a tensión combina dificultad respiratoria progresiva, abolición de los ruidos respiratorios de un lado y signos de mala perfusión por compromiso del retorno venoso. Las guías de trauma torácico advierten de que la desviación traqueal es un signo tardío que no debe esperarse para actuar.
32. El tórax inestable se caracteriza por:
El tórax inestable se produce cuando un segmento de la pared queda desconectado del resto y se mueve de forma paradójica con la respiración. Las guías de trauma torácico advierten de que la contusión pulmonar subyacente suele condicionar el pronóstico más que la propia inestabilidad de la pared.
33. El hemotórax masivo se diferencia del neumotórax a tensión en que en el hemotórax:
En el hemotórax masivo el mecanismo dominante es la pérdida de volumen hacia la cavidad pleural, mientras que en el neumotórax a tensión lo es la compresión del mediastino por el aire. Las guías de trauma torácico señalan que la ingurgitación yugular puede faltar en el hemotórax por la propia hipovolemia.
34. La contusión pulmonar debe sospecharse ante:
La contusión pulmonar se sospecha ante un impacto torácico importante con deterioro respiratorio que progresa en las horas siguientes, y con frecuencia acompaña al tórax inestable. Las guías de trauma torácico advierten de que sus manifestaciones pueden ser escasas en la valoración inicial.
35. La diferencia entre la lesión de un órgano sólido y la de un órgano hueco del abdomen es que:
Los órganos sólidos, como hígado y bazo, sangran, mientras que los huecos derraman su contenido y producen irritación peritoneal. Las guías de trauma abdominal utilizan esa distinción porque anticipa dos cuadros clínicos distintos, uno de shock hemorrágico y otro de peritonitis progresiva.