Es la más amplia del temario y la que más se apoya en el reconocimiento de patrones. Casi ninguna pregunta pide un tratamiento concreto: piden identificar qué está ocurriendo, qué signo lo delata y qué decisión de transporte se deriva. La razón es práctica: el manejo depende del protocolo del sistema y del nivel de certificación, pero el reconocimiento es el mismo en cualquier sistema.
Se reconoce antes de auscultar: postura en trípode, uso de músculos accesorios, incapacidad de hablar frases completas, aleteo nasal, tiraje y agitación. Las causas se separan por el patrón. El asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica cursan con espiración prolongada y sibilancias; el edema pulmonar de origen cardíaco añade crepitantes, ortopnea y edema periférico; la neumonía se acompaña de fiebre y hallazgos localizados; la embolia pulmonar se presenta con inicio súbito y auscultación a menudo limpia; el neumotórax espontáneo aparece de golpe con dolor pleurítico y ruidos disminuidos de un lado.
El síndrome coronario agudo se presenta de forma típica como molestia torácica opresiva con irradiación, sudoración fría y náusea, pero la presentación atípica —sin dolor, con disnea, debilidad o malestar epigástrico— es frecuente en personas con diabetes, en mujeres y en adultos mayores. Perderla es el error clásico. En el evento cerebrovascular, la evaluación prehospitalaria busca asimetría facial, debilidad de un brazo y alteración del habla; el dato que más condiciona el destino no es un signo, sino la hora del último momento en que el paciente fue visto normal, que debe documentarse siempre.
El shock es una perfusión insuficiente para el metabolismo del tejido, no un valor de presión arterial. Se clasifica por su causa: hipovolémico por pérdida de volumen, distributivo por vasodilatación (séptico, anafiláctico, neurogénico), cardiogénico por fallo de bomba y obstructivo por un impedimento mecánico al llenado o la eyección. La distinción clínica que más importa es entre shock compensado —taquicardia, palidez, ansiedad, presión aún conservada— y descompensado, cuando la presión ya cayó. Esperar a la hipotensión para reconocer el shock es reconocerlo tarde, y en el niño es reconocerlo demasiado tarde.
La hipoglucemia aparece en minutos, con piel fría y húmeda, confusión o conducta extraña; la hiperglucemia con cetoacidosis se instala en horas o días, con piel seca, sed intensa y respiración profunda. Ante una alteración del estado mental sin causa evidente conviene recorrer mentalmente las causas reversibles: metabólicas, tóxicas, infecciosas, traumáticas, vasculares y por hipoxia. En las convulsiones el objetivo prehospitalario es proteger de lesiones, no detener el movimiento; la fase postictal explica la confusión posterior. En toxicología la primera pregunta no es qué tomó el paciente, sino si la escena es segura y si el proveedor necesita protección o descontaminación antes del contacto.
La hipotermia, el golpe de calor, la sumersión, la anafilaxia y las picaduras comparten un principio: retirar al paciente de la exposición es parte del tratamiento. En la emergencia conductual, la seguridad precede a la evaluación, la sujeción es un acto con consecuencias legales que debe ajustarse a la norma del sistema, y toda causa médica —hipoxia, hipoglucemia, traumatismo craneal, tóxicos— debe descartarse antes de atribuir la conducta a un trastorno psiquiátrico.
1. El patrón auscultatorio que caracteriza a una crisis asmática es:
La crisis asmática cursa con broncoconstricción difusa, lo que produce sibilancias en ambos campos y una espiración prolongada. Las guías de evaluación respiratoria reservan los crepitantes de base para el edema pulmonar, la abolición unilateral para el neumotórax y el estridor para la obstrucción de la vía aérea superior.
2. En una crisis asmática grave, la desaparición de las sibilancias en un paciente que empeora indica:
El silencio auscultatorio en un asmático que empeora indica que el flujo aéreo es insuficiente para generar sibilancias, y es un signo de gravedad extrema. Las guías de evaluación respiratoria advierten expresamente contra interpretarlo como mejoría, error que retrasa la asistencia en el momento más crítico.
3. El hallazgo que orienta hacia edema pulmonar de origen cardíaco antes que hacia una crisis asmática es:
Los crepitantes en bases, la ortopnea y el edema periférico apuntan a una congestión de origen cardíaco, mientras que las sibilancias difusas son propias del componente obstructivo bronquial. Las guías de evaluación respiratoria advierten de que ambos cuadros pueden coexistir y de que la anamnesis suele ser el elemento que los separa.
4. La presentación clásica de una embolia pulmonar en el ámbito prehospitalario incluye:
La embolia pulmonar suele presentarse de forma súbita, con disnea, a veces dolor pleurítico y taquicardia, y con una auscultación que puede ser sorprendentemente normal. Las guías de evaluación respiratoria destacan esa discordancia entre la gravedad clínica y la escasez de hallazgos como uno de sus rasgos más característicos.
5. El cuadro que debe sospecharse ante un paciente joven y alto con dolor torácico súbito y ruidos respiratorios ausentes en un lado es:
El neumotórax espontáneo aparece de forma típica en personas jóvenes y altas, con dolor torácico súbito, disnea y abolición unilateral de los ruidos respiratorios. Las guías de evaluación respiratoria lo diferencian del asma, en el que la afectación es bilateral, y de la neumonía, cuya instauración es progresiva y febril.
6. La neumonía se diferencia de otros cuadros de disnea aguda porque suele acompañarse de:
La neumonía cursa con fiebre, tos productiva y hallazgos localizados en la auscultación, y su instauración es progresiva. Las guías de evaluación respiratoria advierten de que en el adulto mayor puede presentarse sin fiebre y manifestarse como confusión, caída o debilidad, lo que retrasa con frecuencia su reconocimiento.
7. En un paciente con enfermedad pulmonar obstructiva crónica avanzada, el objetivo de oxigenación se ajusta:
En la enfermedad pulmonar obstructiva crónica se titula el oxígeno hacia el objetivo clínico que fije el protocolo del sistema, sin administrar por defecto el flujo máximo ni privar de oxígeno a un paciente hipóxico. Las guías de oxigenación subrayan que la hipoxia mata antes que la hipercapnia y que el ajuste debe ser individualizado.
8. El signo que indica mayor gravedad en un paciente con dificultad respiratoria es:
El descenso del nivel de consciencia acompañado de disminución del esfuerzo respiratorio anuncia la transición hacia la insuficiencia respiratoria y el paro. Las guías de evaluación respiratoria lo sitúan por encima de cualquier otro hallazgo, incluidos los antecedentes y la duración del cuadro, a la hora de establecer la prioridad.
9. La presentación típica del síndrome coronario agudo incluye:
La presentación clásica combina molestia torácica opresiva, irradiación, sudoración fría y náusea, y suele describirse como presión más que como dolor punzante. Las guías de evaluación del dolor torácico advierten de que la reproducción del dolor con la palpación no descarta un origen cardíaco por sí sola.
10. El grupo de pacientes en el que resulta más frecuente una presentación atípica del síndrome coronario agudo es:
La presentación atípica —disnea, debilidad, malestar epigástrico o síncope sin dolor— es más frecuente en personas con diabetes, en mujeres y en adultos mayores. Las guías de evaluación del dolor torácico consideran ese sesgo una de las causas más importantes de retraso diagnóstico en el ámbito prehospitalario.
11. Un paciente con diabetes refiere debilidad intensa, sudoración y náusea, sin dolor torácico. La conducta correcta es:
En personas con diabetes, un síndrome coronario agudo puede cursar sin dolor y manifestarse como debilidad, sudoración, náusea o disnea. Las guías de evaluación del dolor torácico piden mantener la sospecha ante esos síntomas, sin que ello impida valorar además otras causas concurrentes como la hipoglucemia.
12. El conjunto de hallazgos que sugiere insuficiencia cardíaca descompensada es:
La descompensación de la insuficiencia cardíaca combina disnea, ortopnea, crepitantes bilaterales, ingurgitación yugular y edema en zonas declives. Las guías de evaluación cardiovascular describen ese conjunto como característico, y advierten de que la disnea paroxística nocturna es un dato de anamnesis especialmente orientador.
13. Los tres signos que explora la escala prehospitalaria de ictus más difundida son:
La escala prehospitalaria de ictus más difundida explora asimetría facial, debilidad de un brazo y alteración del habla, por su sencillez y su rendimiento. Las guías de atención al ictus recuerdan que una escala normal no descarta el cuadro y que la sospecha clínica del proveedor prevalece sobre el resultado de la escala.
14. El dato prehospitalario que más condiciona las opciones del centro receptor en un ictus es:
La hora del último momento en que el paciente fue visto normal determina las opciones terapéuticas del centro receptor, de modo que se documenta con la mayor precisión posible y se identifica al testigo que la aporta. Las guías de atención al ictus la consideran el dato prehospitalario de mayor valor.
15. El accidente isquémico transitorio se distingue del ictus establecido en que:
En el accidente isquémico transitorio los síntomas se resuelven, pero el episodio identifica a un paciente con riesgo elevado de sufrir un ictus establecido a corto plazo. Las guías de atención al ictus insisten en que la resolución de los síntomas no elimina la indicación de valoración hospitalaria urgente.
16. Ante un paciente con alteración del estado mental, la revisión de causas reversibles debe incluir:
La alteración del estado mental obliga a recorrer un abanico amplio de causas reversibles: hipoxia, hipoglucemia, tóxicos, infección, traumatismo, causas vasculares y metabólicas. Las guías de evaluación neurológica advierten de que restringir la búsqueda a una sola categoría es la vía más rápida hacia un error grave.
17. El rasgo que orienta hacia una hipoglucemia antes que hacia una hiperglucemia con cetoacidosis es:
La hipoglucemia se instala en minutos y cursa con piel fría y húmeda, temblor, confusión o conducta extraña, mientras que la cetoacidosis se desarrolla en horas o días con piel seca, sed intensa y respiración profunda. Las guías de emergencias metabólicas emplean esa diferencia temporal como el criterio más útil en la escena.
18. Un paciente diabético consciente, capaz de tragar y de proteger su vía aérea, presenta signos compatibles con hipoglucemia. La actuación prehospitalaria se rige por:
La corrección de una hipoglucemia en el ámbito prehospitalario se realiza conforme al protocolo del sistema, que define el producto, la vía y las condiciones exigidas, entre ellas la capacidad de tragar y de proteger la vía aérea. Este material no sustituye ese protocolo ni ofrece pautas concretas de administración.
19. Durante una crisis convulsiva generalizada, el objetivo prehospitalario prioritario es:
Durante la crisis se retiran los objetos peligrosos, se protege la cabeza y se vigila la vía aérea, sin sujetar las extremidades ni introducir nada en la boca. Las guías de emergencias neurológicas advierten de que ambas prácticas causan lesiones y no acortan la duración de la crisis.
20. El periodo postictal que sigue a una crisis convulsiva generalizada se caracteriza por:
El periodo postictal cursa con confusión, somnolencia, cefalea y recuperación gradual, y su duración es variable. Las guías de emergencias neurológicas piden documentar su evolución, porque un estado postictal que no mejora o que se prolonga obliga a considerar otras causas de alteración del estado mental.
21. La situación que convierte una crisis convulsiva en una emergencia de máxima prioridad es:
Una crisis que se prolonga o una sucesión de crisis sin recuperación de la consciencia entre ellas constituye una emergencia por el riesgo de hipoxia y de daño neurológico. Las guías de emergencias neurológicas la separan de la crisis autolimitada en un paciente epiléptico conocido, que suele tener otra evolución.
22. El rasgo que distingue la anafilaxia de una reacción alérgica leve es:
La anafilaxia se define por la afectación sistémica, con compromiso de la vía aérea, de la ventilación o de la perfusión, además de los signos cutáneos. Las guías de emergencias alérgicas advierten de que puede presentarse sin lesiones cutáneas visibles y de que la ausencia de alergia conocida no la descarta.
23. En un paciente con reacción alérgica, el hallazgo que obliga a considerar compromiso vital inmediato es:
El estridor, la ronquera y la dificultad para tragar indican edema de la vía aérea superior y anuncian una obstrucción que puede completarse en minutos. Las guías de emergencias alérgicas los sitúan por encima de la extensión de las lesiones cutáneas a la hora de establecer la gravedad del cuadro.
24. El tipo de shock que se produce por una vasodilatación generalizada con volumen sanguíneo conservado es:
En el shock distributivo el volumen es normal pero el continente se ha dilatado, de modo que la perfusión resulta insuficiente; incluye las formas séptica, anafiláctica y neurogénica. Las guías de fisiopatología del shock lo separan del hipovolémico, del cardiogénico y del obstructivo, que responden a mecanismos distintos.
25. El hallazgo que distingue el shock neurogénico del shock hipovolémico es:
El shock neurogénico cursa con vasodilatación por pérdida del tono simpático, de modo que la piel está caliente y seca y falta la taquicardia compensadora. Las guías de trauma raquimedular emplean ese contraste con el shock hipovolémico, que presenta piel fría, pálida y sudorosa junto con taquicardia.
26. El concepto de shock compensado se refiere a la fase en la que:
En el shock compensado, la taquicardia y la vasoconstricción sostienen la presión arterial mientras la perfusión del tejido ya está comprometida. Las guías de evaluación del shock advierten de que esperar a la hipotensión para reconocerlo equivale a reconocerlo en la fase descompensada, cuando el margen es mucho menor.
27. Los signos precoces del shock que aparecen antes de la caída de la presión arterial son:
Los signos precoces del shock derivan de la respuesta simpática: taquicardia, palidez, piel fría y húmeda, ansiedad y sed. Las guías de evaluación del shock los sitúan antes de la hipotensión y advierten de que la cianosis y la ausencia de pulsos periféricos corresponden ya a fases avanzadas del cuadro.
28. Un paciente con fiebre alta, piel caliente, taquicardia e hipotensión presenta un cuadro compatible con:
La combinación de fiebre, piel inicialmente caliente, taquicardia e hipotensión orienta hacia un shock séptico, forma de shock distributivo. Las guías de emergencias infecciosas advierten de que en fases avanzadas la piel puede enfriarse, lo que no excluye el diagnóstico ni permite reclasificar el cuadro.
29. El motivo por el que la sepsis debe reconocerse de forma precoz en el ámbito prehospitalario es:
El reconocimiento prehospitalario de la sepsis y el aviso anticipado al centro receptor permiten acortar los tiempos hasta el tratamiento definitivo. Las guías de emergencias infecciosas sitúan ahí el valor de la sospecha prehospitalaria, que no sustituye a la valoración ni a las pruebas realizadas en el hospital.
30. El dolor visceral abdominal se caracteriza por ser:
El dolor visceral procede de los órganos huecos o de la cápsula de los sólidos y se percibe como difuso y mal localizado, con frecuencia de tipo cólico. Las guías de valoración abdominal lo diferencian del dolor parietal, que aparece cuando se irrita el peritoneo y resulta punzante, localizado y agravado por el movimiento.
31. El hallazgo abdominal que sugiere irritación peritoneal es:
La defensa involuntaria y el agravamiento del dolor con el movimiento son signos de irritación peritoneal, motivo por el que estos pacientes tienden a permanecer inmóviles. Las guías de valoración abdominal desaconsejan la búsqueda insistente de signos de rebote en el ámbito prehospitalario, por su escaso rendimiento y su carácter doloroso.
32. Un paciente con dolor abdominal presenta una masa pulsátil palpable en la línea media y dolor irradiado a la espalda. Esa presentación obliga a:
Una masa abdominal pulsátil con dolor irradiado a la espalda obliga a considerar una emergencia vascular y a trasladar con prioridad, evitando la palpación repetida. Las guías de valoración abdominal advierten de que este cuadro puede presentarse con signos vitales inicialmente conservados.
33. La emisión de heces negras y malolientes en un paciente con debilidad sugiere:
Las heces negras y malolientes corresponden a sangre digerida procedente del tubo digestivo alto, y su presencia junto a debilidad o mareo indica una pérdida significativa. Las guías de valoración digestiva advierten de que la hemorragia interna no siempre se acompaña de sangrado visible en el momento de la asistencia.
34. En un paciente en diálisis que ha omitido su sesión, los hallazgos esperables incluyen:
La omisión de una sesión de diálisis produce acumulación de líquidos y de productos de desecho, con dificultad respiratoria, debilidad y riesgo de alteraciones electrolíticas. Las guías de emergencias en pacientes dializados advierten además de que la fístula no debe emplearse para punciones ni para tomar la presión arterial.
35. Una crisis dolorosa en un paciente con anemia falciforme se caracteriza por:
En la anemia falciforme, los glóbulos rojos deformados obstruyen la microcirculación y producen crisis dolorosas en huesos, tórax o abdomen. Las guías de emergencias hematológicas advierten de que el dolor puede ser muy intenso, de que el paciente conoce bien su cuadro y de que la deshidratación y el frío actúan como desencadenantes.