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👶 Emergencias obstétricas, pediátricas y geriátricas

Qué evalúa esta área

Agrupa a los pacientes cuya fisiología no responde a las reglas del adulto sano. La embarazada, el niño y el adulto mayor descompensan de forma distinta, y el error más frecuente es aplicarles el patrón del adulto joven. Las preguntas piden reconocer esas diferencias y anticipar lo que cambian en la evaluación y en el transporte.

Embarazo y complicaciones

El embarazo modifica la fisiología materna: aumenta el volumen circulante y la frecuencia cardíaca, y por eso la embarazada puede perder una cantidad importante de sangre antes de mostrar signos de shock. Cuando aparecen, el compromiso fetal ya lleva tiempo instalado. En decúbito supino, el útero grávido puede comprimir la vena cava y reducir el retorno venoso: el síndrome de hipotensión supina mejora desplazando el útero hacia la izquierda.

El sangrado del tercer trimestre orienta a dos cuadros distintos: la placenta previa suele dar sangrado rojo e indoloro, mientras que el desprendimiento prematuro de placenta se acompaña de dolor y útero endurecido. La preeclampsia combina hipertensión con otros hallazgos y puede progresar a convulsiones; ante una embarazada con cefalea, alteraciones visuales o edema, el traslado se decide con ese riesgo en mente.

Parto y recién nacido

El trabajo de parto tiene tres etapas: dilatación, expulsión y alumbramiento. Los signos de parto inminente son contracciones frecuentes y regulares, sensación de pujo y coronamiento. Ante ellos la decisión no es correr, sino preparar el parto donde se está. Se preparan campos limpios, se apoya la cabeza sin tirar y se controla la salida. El prolapso del cordón, la presentación podálica y la distocia de hombros son urgencias que exigen aviso temprano al centro receptor. En el recién nacido, las prioridades inmediatas son secarlo, mantenerlo caliente, estimularlo y evaluar su respuesta; la valoración de Apgar registra frecuencia cardíaca, esfuerzo respiratorio, tono muscular, irritabilidad refleja y color. Las maniobras avanzadas de reanimación neonatal siguen el protocolo del sistema y quedan fuera del alcance de este material.

Pediatría

El niño no es un adulto pequeño. Tiene la cabeza proporcionalmente mayor y el occipucio prominente, la vía aérea más estrecha y fácil de obstruir, la lengua relativamente grande, respiración predominantemente diafragmática y mayor superficie corporal en relación con su masa, lo que lo enfría más rápido. Compensa muy bien y de golpe deja de compensar: la hipotensión en el niño es un signo tardío.

La evaluación empieza desde la puerta con el triángulo de evaluación pediátrica: apariencia, trabajo respiratorio y circulación cutánea. Permite decidir en segundos si el niño está estable, en dificultad respiratoria, en insuficiencia respiratoria o en shock, antes de tocarlo. Un niño que deja de luchar y se queda quieto no está mejorando. En vía aérea pediátrica se separan cuadros de presentación distinta, como el que cursa con tos perruna y el que se presenta con fiebre alta, babeo y postura de olfateo, cuya sospecha contraindica maniobras que agiten al niño.

Geriatría

El envejecimiento reduce la reserva de todos los sistemas: menos elasticidad vascular, menor respuesta a la taquicardia, piel frágil, huesos osteoporóticos, menor sensación de sed y de dolor. De ahí tres consecuencias prácticas: las enfermedades graves se presentan de forma atípica —el infarto sin dolor, la infección sin fiebre, la neumonía como confusión—; la polifarmacia genera efectos e interacciones que imitan otras enfermedades; y un mecanismo aparentemente banal, como una caída desde su propia altura, puede producir lesiones graves. Distinguir el delirio, de instalación aguda y fluctuante, de la demencia, progresiva y crónica, cambia por completo la interpretación de la llamada. La sospecha de maltrato del adulto mayor, igual que la de maltrato de menores, obliga a documentar de forma objetiva y a informar según la legislación aplicable en Puerto Rico.

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Preguntas de muestra (35)

1. El aumento del volumen circulante durante el embarazo implica que la gestante:

  1. Presenta una frecuencia cardíaca más baja que antes del embarazo
  2. Manifiesta signos de shock con pérdidas mucho menores que una no gestante
  3. Tolera una pérdida importante de sangre antes de mostrar signos de shock
  4. Mantiene una presión arterial idéntica a la previa durante toda la gestación

El aumento fisiológico del volumen circulante permite a la gestante compensar una pérdida importante antes de mostrar signos de shock, momento en el que el compromiso fetal ya lleva tiempo instalado. Las guías de emergencias obstétricas piden anticipar esa evolución en lugar de esperar los signos clásicos.

2. El síndrome de hipotensión supina del embarazo avanzado se produce porque:

  1. El útero comprime la aorta y aumenta la presión en las extremidades
  2. El útero comprime la vena cava y reduce el retorno venoso al corazón
  3. El diafragma desciende y reduce el volumen pulmonar de la gestante
  4. La frecuencia cardíaca materna disminuye de forma brusca en decúbito durante el tercer trimestre

En decúbito supino, el útero grávido puede comprimir la vena cava inferior, reducir el retorno venoso y provocar hipotensión y mareo. Las guías de emergencias obstétricas indican desplazar el útero hacia la izquierda o girar a la paciente sobre ese lado como medida inmediata.

3. El desplazamiento del diafragma por el útero grávido en el embarazo avanzado produce:

  1. Una menor reserva respiratoria de la gestante ante cualquier agresión
  2. Un aumento del volumen pulmonar disponible durante la gestación
  3. Una desaparición de la respiración diafragmática en la gestante a lo largo de la gestación
  4. Una ausencia de cambios en la mecánica ventilatoria de la mujer durante el tercer trimestre

El ascenso del diafragma reduce la reserva respiratoria de la gestante, que desatura con mayor rapidez ante cualquier compromiso. Las guías de emergencias obstétricas derivan de ahí la importancia de asegurar la oxigenación materna antes de que aparezcan signos de deterioro.

4. El sangrado indoloro y de sangre roja en el tercer trimestre orienta hacia:

  1. Desprendimiento prematuro de placenta con útero endurecido y doloroso
  2. Placenta previa
  3. Rotura uterina con dolor abdominal intenso y cese de las contracciones
  4. Aborto espontáneo en curso durante el primer trimestre de la gestación

La placenta previa se manifiesta de forma característica como sangrado rojo e indoloro en el tercer trimestre, mientras que el desprendimiento se acompaña de dolor y de útero endurecido. Las guías de emergencias obstétricas desaconsejan cualquier exploración vaginal en el ámbito prehospitalario ante un sangrado del tercer trimestre.

5. El desprendimiento prematuro de placenta se sospecha ante:

  1. Contracciones regulares indoloras sin ningún otro hallazgo
  2. Sangrado abundante indoloro con útero blando a la palpación
  3. Ausencia total de dolor y de sangrado en la gestante afectada durante toda la gestación
  4. Dolor abdominal con útero endurecido, con o sin sangrado visible

El desprendimiento cursa con dolor abdominal y útero endurecido, y el sangrado puede quedar retenido y no ser visible desde el exterior. Las guías de emergencias obstétricas advierten de que la magnitud del sangrado externo no refleja la pérdida real en este cuadro.

6. En una mujer en edad fértil con dolor abdominal bajo y signos de shock, debe considerarse:

  1. Únicamente una infección urinaria de evolución prolongada sin tratamiento antibiótico previo
  2. Un embarazo ectópico complicado, aunque la paciente no se sepa embarazada
  3. Exclusivamente un cuadro digestivo de origen alimentario
  4. Sólo una crisis de ansiedad relacionada con el dolor referido por la propia paciente

El embarazo ectópico complicado puede producir una hemorragia interna grave y debe considerarse en toda mujer en edad fértil con dolor abdominal bajo y signos de shock, aunque desconozca su estado. Las guías de emergencias obstétricas lo sitúan entre las causas de abdomen agudo con mayor mortalidad evitable.

7. Los hallazgos que hacen sospechar preeclampsia en una gestante incluyen:

  1. Cefalea, alteraciones visuales, edema y elevación de la presión arterial
  2. Fiebre elevada con escalofríos y dolor en la región lumbar
  3. Tos productiva con expectoración y dolor pleurítico de un lado del tórax de la gestante
  4. Diarrea abundante con dolor abdominal de tipo cólico

La preeclampsia combina elevación de la presión arterial con cefalea, alteraciones visuales, dolor epigástrico y edema, y puede progresar hacia convulsiones. Las guías de emergencias obstétricas piden trasladar con prioridad y reducir los estímulos durante el traslado cuando existe esa sospecha.

8. Ante una gestante con una crisis convulsiva en el tercer trimestre, además de proteger a la paciente conviene:

  1. Sentar a la paciente y mantenerla despierta con estímulos verbales
  2. Aumentar la iluminación del compartimento asistencial durante el traslado
  3. Reducir los estímulos y trasladar con prioridad avisando al centro
  4. Retrasar el traslado hasta que la crisis se repita para confirmarla

La convulsión en una gestante del tercer trimestre obliga a proteger a la paciente, reducir los estímulos, asegurar la vía aérea y trasladar con prioridad avisando al centro receptor. Las guías de emergencias obstétricas incluyen el desplazamiento uterino hacia la izquierda entre las medidas del traslado.

9. Los signos que indican un parto inminente incluyen:

  1. Ausencia de contracciones con dolor lumbar de tipo continuo
  2. Contracciones irregulares y espaciadas sin ningún otro hallazgo durante las últimas horas
  3. Contracciones frecuentes y regulares, sensación de pujo y coronamiento
  4. Presencia de náusea y vómito sin actividad uterina detectable en la exploración abdominal

El parto inminente se reconoce por contracciones frecuentes y regulares, sensación irreprimible de pujo y visualización de la presentación en el introito. Las guías de emergencias obstétricas indican preparar el parto en el lugar cuando aparecen esos signos, en lugar de iniciar un traslado que no llegará a tiempo.

10. Las tres etapas del trabajo de parto son:

  1. Dilatación, expulsión y alumbramiento de la placenta
  2. Contracción, relajación y expulsión del recién nacido
  3. Rotura de membranas, sangrado y salida de la placenta
  4. Pujo, coronamiento y corte del cordón umbilical

El trabajo de parto se divide en dilatación, expulsión del feto y alumbramiento de la placenta. Las guías de emergencias obstétricas piden documentar la fase en la que se encuentra la paciente y la hora de cada acontecimiento, dato que el centro receptor no podrá reconstruir después.

11. Durante la salida de la cabeza del recién nacido, la actuación del proveedor consiste en:

  1. Apoyar la cabeza controlando su salida sin ejercer tracción
  2. Tirar de la cabeza para acelerar la salida del recién nacido
  3. Presionar sobre el abdomen materno para empujar al feto
  4. Introducir los dedos para ampliar el canal del parto

La actuación consiste en apoyar la cabeza y controlar una salida demasiado rápida, sin ejercer tracción ni presión sobre el abdomen materno. Las guías de emergencias obstétricas advierten de que la tracción y la presión abdominal pueden producir lesiones graves a la madre y al recién nacido.

12. Si tras la salida de la cabeza se aprecia una vuelta de cordón alrededor del cuello, la actuación indicada es:

  1. Tirar del cordón hacia abajo para liberarlo del cuello del recién nacido durante la salida del hombro
  2. Cortar el cordón de inmediato antes de continuar con la maniobra
  3. Intentar deslizarla con suavidad por encima de la cabeza del recién nacido
  4. Detener el parto empujando la cabeza hacia el interior del canal

Ante una circular de cordón se intenta deslizarla con suavidad por encima de la cabeza; sólo cuando no es posible y está muy tensa se recurre a las maniobras que autorice el protocolo del sistema. Las guías de emergencias obstétricas descartan tirar del cordón o empujar la cabeza hacia el interior.

13. Ante un prolapso de cordón umbilical, la actuación prioritaria es:

  1. Aliviar la compresión del cordón y trasladar con máxima prioridad
  2. Reintroducir el cordón en el canal del parto con la mano enguantada
  3. Pinzar y cortar el cordón antes de iniciar el traslado de la paciente
  4. Pedir a la madre que puje con fuerza para acelerar la expulsión

En el prolapso de cordón, la presentación comprime el cordón e interrumpe la circulación fetal, de modo que la prioridad es aliviar esa compresión conforme al protocolo y trasladar con máxima prioridad avisando al centro. Las guías de emergencias obstétricas descartan reintroducir el cordón y pinzarlo en la escena.

14. La presentación podálica se reconoce porque:

  1. La placenta se expulsa antes que el propio recién nacido
  2. La cabeza aparece antes que el resto del cuerpo del recién nacido
  3. El cordón umbilical asoma por delante de la presentación fetal
  4. Se presentan primero las nalgas o los pies en lugar de la cabeza

En la presentación podálica asoman primero las nalgas o los pies, y el riesgo principal es el atrapamiento de la cabeza al final del expulsivo. Las guías de emergencias obstétricas piden avisar al centro receptor de inmediato y actuar conforme al protocolo del sistema durante el traslado.

15. Tras el nacimiento, el cordón umbilical se pinza y se corta:

  1. De inmediato en todos los casos y sin ninguna comprobación previa del estado del recién nacido
  2. Conforme al protocolo del sistema, en el momento y la forma que indique
  3. Sólo después de la expulsión completa de la placenta materna
  4. Únicamente en el centro receptor por el personal hospitalario

El momento y la técnica del pinzamiento y corte del cordón los define el protocolo del sistema. Las guías de emergencias obstétricas piden documentar la hora de nacimiento y la del pinzamiento, y no ofrecen una pauta única aplicable a todos los sistemas.

16. Tras el alumbramiento, la placenta expulsada debe:

  1. Dejarse en el domicilio a disposición de la familia
  2. Desecharse en la escena una vez comprobada su expulsión
  3. Cortarse en fragmentos antes de introducirla en un recipiente
  4. Conservarse y trasladarse con la paciente al centro receptor

La placenta se conserva y se traslada con la paciente, porque su examen permite comprobar si la expulsión fue completa. Las guías de emergencias obstétricas piden documentar la hora del alumbramiento y valorar el sangrado materno posterior durante todo el traslado.

17. El sangrado materno abundante tras el alumbramiento se relaciona con frecuencia con:

  1. Un exceso de líquidos administrados durante el traslado
  2. Una elevación excesiva de la presión arterial materna
  3. Una expulsión demasiado lenta del recién nacido
  4. Una contracción uterina insuficiente tras la salida de la placenta

El sangrado posparto abundante suele deberse a una contracción uterina insuficiente, y el masaje del fondo uterino conforme al protocolo del sistema es la medida prehospitalaria habitual. Las guías de emergencias obstétricas piden valorar además la posibilidad de retención de restos placentarios.

18. Las primeras acciones tras el nacimiento de un recién nacido vigoroso son:

  1. Bañarlo con agua templada para retirar los restos del parto
  2. Aspirar de forma sistemática la vía aérea antes de cualquier otra medida
  3. Secarlo, mantenerlo caliente, estimularlo y valorar su respuesta
  4. Separarlo de la madre y colocarlo en la camilla del vehículo

En el recién nacido vigoroso, secar, mantener el calor, estimular y valorar la respuesta son las primeras acciones, evitando la pérdida de temperatura. Las guías de atención al recién nacido no recomiendan la aspiración sistemática ni el baño en el ámbito prehospitalario.

19. La valoración de Apgar registra:

  1. Presión arterial, saturación, glucemia, temperatura y diuresis
  2. Peso, talla, perímetro craneal, temperatura y frecuencia respiratoria
  3. Frecuencia cardíaca, esfuerzo respiratorio, tono, reflejos y color
  4. Longitud del cordón, aspecto de la placenta y hora del nacimiento

La valoración de Apgar recoge cinco componentes: frecuencia cardíaca, esfuerzo respiratorio, tono muscular, irritabilidad refleja y color. Las guías de atención al recién nacido piden documentarla en los momentos que fije el protocolo del sistema, sin que sustituya a la valoración clínica continua.

20. La pérdida de calor del recién nacido preocupa porque:

  1. Su temperatura corporal normal es mucho más alta que la del adulto
  2. Su superficie corporal relativa es grande y se enfría con gran rapidez
  3. Su metabolismo genera un exceso de calor que debe disiparse
  4. Su piel resulta impermeable a cualquier intercambio con el ambiente térmico del entorno

El recién nacido tiene una superficie corporal muy grande respecto de su masa, está húmedo al nacer y apenas puede generar calor por temblor, de modo que se enfría con rapidez. Las guías de atención al recién nacido sitúan el secado y el mantenimiento del calor entre las primeras medidas.

21. Si un recién nacido no respira de forma eficaz tras el secado y la estimulación, el proveedor debe:

  1. Aplicar el protocolo de reanimación neonatal de su sistema
  2. Esperar unos minutos a que inicie la respiración de forma espontánea
  3. Sumergirlo en agua templada para estimular su respuesta respiratoria
  4. Trasladarlo de inmediato sin ninguna intervención sobre la ventilación

La reanimación neonatal sigue el protocolo del sistema y la formación presencial correspondiente, y este material no reproduce sus secuencias ni sus parámetros. Lo que sí corresponde a cualquier nivel es reconocer que el secado y la estimulación no han sido suficientes y actuar sin demora.

22. La vía aérea del niño pequeño se obstruye con más facilidad que la del adulto porque:

  1. Está protegida por una epiglotis rígida que impide el paso del aire
  2. Es más ancha y carece de estructuras cartilaginosas de sostén
  3. Es más estrecha y la lengua resulta proporcionalmente mayor
  4. Presenta una tráquea más larga y de mayor calibre relativo

La vía aérea pediátrica es más estrecha, la lengua es proporcionalmente mayor y el occipucio prominente tiende a flexionar el cuello en decúbito. Las guías de vía aérea pediátrica derivan de esos rasgos la importancia de la posición de la cabeza y del acolchado bajo los hombros.

23. El triángulo de evaluación pediátrica permite:

  1. Clasificar el estado del niño en segundos y sin tocarlo
  2. Establecer el diagnóstico definitivo del cuadro que presenta
  3. Sustituir la toma de signos vitales durante toda la asistencia
  4. Determinar el peso del niño para calcular las dosis necesarias

El triángulo de evaluación pediátrica valora apariencia, trabajo respiratorio y circulación cutánea desde la distancia y permite clasificar el estado fisiológico del niño antes de tocarlo. Las guías de atención pediátrica lo consideran una herramienta de cribado rápido, no un sustituto de la valoración completa.

24. En el triángulo de evaluación pediátrica, la alteración simultánea del trabajo respiratorio y de la circulación cutánea sugiere:

  1. Una alteración exclusivamente metabólica sin repercusión
  2. Una dificultad respiratoria leve de evolución favorable
  3. Un fallo cardiopulmonar que exige actuación inmediata
  4. Un estado normal en un niño que llora durante la valoración

La alteración conjunta de los tres lados o de trabajo respiratorio y circulación cutánea define un fallo cardiopulmonar que exige actuación inmediata. Las guías de atención pediátrica emplean las combinaciones del triángulo para asignar una categoría fisiológica antes de cualquier medición.

25. Los signos de dificultad respiratoria en el lactante incluyen:

  1. Llanto vigoroso con buen color y respuesta a los estímulos
  2. Aleteo nasal, tiraje, quejido y retracción de la pared torácica
  3. Somnolencia habitual tras la toma de alimento del lactante
  4. Movimiento simétrico del tórax sin ningún ruido añadido

El aleteo nasal, el tiraje, el quejido espiratorio y las retracciones son signos visibles de trabajo respiratorio aumentado en el lactante. Las guías de atención pediátrica advierten de que un lactante que deja de luchar y se queda quieto no está mejorando, sino agotándose.

26. El cuadro pediátrico que cursa con tos perruna y estridor, habitualmente de predominio nocturno, es:

  1. Una obstrucción inflamatoria de la vía aérea superior de origen vírico
  2. Una obstrucción bacteriana con fiebre alta, babeo y postura de olfateo
  3. Una crisis asmática con sibilancias difusas en ambos campos pulmonares de forma bilateral y simétrica
  4. Una neumonía con fiebre elevada y hallazgos auscultatorios localizados en uno de los dos campos

La tos perruna con estridor corresponde a una inflamación vírica de la vía aérea superior, distinta del cuadro bacteriano que cursa con fiebre alta, babeo y postura de olfateo. Las guías de atención pediátrica advierten de que en este segundo cuadro debe evitarse toda maniobra que agite al niño.

27. Ante un niño con fiebre alta, babeo y postura de olfateo, la conducta correcta es:

  1. Acostarlo en decúbito supino para facilitar la exploración
  2. Examinar la faringe con un depresor para valorar la obstrucción de la vía aérea superior
  3. Evitar cualquier maniobra que lo agite y trasladar con prioridad
  4. Solicitar al niño que abra la boca de forma repetida y forzada

Ante la sospecha de una obstrucción inflamatoria grave de la vía aérea superior, cualquier maniobra que agite al niño o que explore su faringe puede desencadenar una obstrucción completa. Las guías de atención pediátrica indican mantenerlo cómodo, con su cuidador, y trasladar con prioridad.

28. La convulsión febril en el niño pequeño se caracteriza por:

  1. Aparecer en el contexto de una elevación de la temperatura
  2. Presentarse siempre sin ninguna elevación de la temperatura
  3. Prolongarse durante horas sin recuperación de la consciencia
  4. Afectar exclusivamente a niños con antecedentes neurológicos

La convulsión febril aparece en el contexto de una elevación de la temperatura en niños pequeños y suele ser breve y autolimitada. Las guías de atención pediátrica piden buscar el foco de la fiebre, valorar signos de infección grave y trasladar, porque el episodio requiere valoración médica.

29. Los signos de deshidratación en un lactante incluyen:

  1. Mucosas secas, menor número de pañales mojados y llanto sin lágrimas
  2. Aumento del número de micciones y presencia de lágrimas abundantes
  3. Piel muy elástica con mucosas húmedas y buen estado general
  4. Aumento del peso corporal en las últimas veinticuatro horas

En el lactante, la deshidratación se manifiesta con mucosas secas, reducción del número de pañales mojados, llanto sin lágrimas, fontanela deprimida y letargia. Las guías de atención pediátrica piden preguntar de forma expresa por el número de pañales, dato objetivo y fácil de obtener.

30. En un lactante, la fontanela deprimida sugiere:

  1. Un aumento de la presión intracraneal en curso
  2. Una posible deshidratación que debe valorarse en conjunto
  3. Una lesión ósea del cráneo producida por un traumatismo
  4. Un hallazgo normal en cualquier lactante durante el llanto

La fontanela deprimida sugiere deshidratación, mientras que una fontanela abombada en un lactante tranquilo orienta hacia un aumento de la presión intracraneal. Las guías de atención pediátrica piden explorarla con el niño incorporado y en calma, porque el llanto la modifica de forma transitoria.

31. En un niño con dificultad respiratoria, la posición de transporte adecuada es:

  1. El decúbito prono durante todo el trayecto al centro receptor
  2. El decúbito supino estricto para facilitar la exploración
  3. La que él mismo adopte y tolere mejor, con su cuidador cerca
  4. La posición sentada sin ningún acompañante en el compartimento

El niño con dificultad respiratoria adopta de forma espontánea la posición que le resulta más eficaz, y forzar otra puede empeorar el cuadro. Las guías de atención pediátrica recomiendan mantener al cuidador cerca siempre que sea posible, porque la agitación aumenta el consumo de oxígeno.

32. La bradicardia en un lactante con dificultad respiratoria debe interpretarse como:

  1. Un signo de gravedad extrema, con frecuencia secundario a hipoxia
  2. Una respuesta normal al reposo durante la valoración del niño
  3. Un hallazgo habitual en cualquier lactante sano y tranquilo
  4. Una consecuencia esperable del llanto prolongado del lactante

En el lactante, la bradicardia suele ser consecuencia de la hipoxia y precede al paro cardíaco, de modo que constituye un signo de gravedad extrema. Las guías de atención pediátrica insisten en corregir la oxigenación y la ventilación como primera respuesta ante ese hallazgo.

33. Ante un niño consciente con obstrucción completa de la vía aérea por cuerpo extraño, la actuación se rige por:

  1. La improvisación con el material disponible en la unidad
  2. El protocolo del sistema, adaptado a la edad del paciente
  3. La espera hasta la llegada al centro receptor de destino
  4. La extracción digital a ciegas del objeto de la cavidad oral

Las maniobras de desobstrucción se aplican conforme al protocolo del sistema y varían según la edad del niño. Las guías de vía aérea pediátrica desaconsejan de forma expresa el barrido digital a ciegas, que puede impactar el cuerpo extraño y convertir una obstrucción parcial en completa.

34. Al valorar a un niño, la información aportada por su cuidador habitual:

  1. Sustituye por completo la valoración física del niño en la escena realizada por el equipo
  2. Debe considerarse poco fiable frente a la exploración del proveedor durante la valoración en la escena
  3. Sólo se recoge cuando el niño no puede expresarse por sí mismo
  4. Resulta especialmente útil para detectar un cambio respecto de su normalidad

El cuidador conoce el comportamiento habitual del niño y detecta cambios que un observador externo no percibiría, dato de gran valor en la valoración pediátrica. Las guías de atención pediátrica piden preguntar de forma expresa si el niño está distinto de lo habitual.

35. Los hallazgos que hacen sospechar maltrato infantil incluyen:

  1. Lesiones en las rodillas de un niño que acaba de aprender a caminar durante los primeros meses
  2. Lesiones incompatibles con el mecanismo relatado o con la edad del niño
  3. Un relato coherente y coincidente entre los distintos cuidadores
  4. Una consulta inmediata tras el suceso descrito por la familia

La discordancia entre la lesión y el mecanismo relatado, el retraso injustificado en la consulta, los relatos cambiantes y las lesiones en distintos estadios de evolución hacen sospechar maltrato. Las guías de atención pediátrica piden documentar los hallazgos de forma objetiva, sin acusaciones ni interpretaciones.

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